SEXO Y REVOLUCION (‘La Gaceta de Canarias’, 5-VI-1994)

 

FRESA Y CHOCOLATE

 

TITULO ORIGINAL:  Fresa y chocolate 

NACIONALIDAD:  Cuba-Méjico-España

FECHA:   1993 DURACION:  106 min., COLOR

DIRECTOR:  Tomás Gutiérrez Alea , Juan Carlos Tabío

INTERPRETES:  Vladimir Cruz, Jorge Perugorría, Mirta Ibarra, Francisco Gattorno

 

 

            La actividad como realizador de Gutiérrez Alea, quizás el cineasta cubano más representativo, está totalmente ligada al ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos). Formado como director de cine en Italia, formó parte, tras su regreso a Cuba, del grupo de oposición cultural ‘Nuestro Tiempo’, colaborando, junto con Julio García Espinosa, Alfredo Guevara y otros futuros valores del cine de su país, en la realización de un cortometraje experimental, ‘El mengano’ (1955), que fue secuestrado por la policía de Batista. La primera incursión de Gutiérrez Alea en el campo del largometraje consistió en tres episodios del film colectivo ‘Historias de la revolución’ (1960), rodado después de la llegada al poder de Fidel Castro. Toda la filmografía de este interesante director, de la que recientemente se ha podido ver una amplia muestra en TVE, se caracteriza por adoptar un punto de vista crítico con respecto a la realidad actual de su país, analizando preferentemente el papel que han desempeñado los intelectuales de origen burgués a lo largo del proceso revolucionario. Entre su ya larga producción fílmica cabe destacar ‘Memorias del subdesarrollo’ (1968), que estudia de una manera lúcida el complejo problema de la emigración a Miami, y ‘La última cena’ (1973), una interesante reflexión acerca de la lucha de clases durante la época colonial española.

            El ICAIC fue creado en 1959, a los pocos meses de la victoria de la revolución castrista. Su misión consistía en centralizar todas las ramas del cine y promover el arte cinematográfico cubano en su doble aspecto cultural e industrial con objeto de darle un poder de asimilación y comunicación internacionales. A tal fin ha contribuido de una manera eficaz a crear las necesarias bases materiales y propiciar el ambiente indispensable: dotación de instalaciones y equipos técnicos adecuados a las necesidades de la producción, rigor revolucionario combinado con libertad creadora, formación de cuadros artísticos, técnicos y administrativos, amén de un nuevo tipo de público más complejo, crítico, exigente y activo, control de los medios de distribución y exhibición a lo largo del país y promoción de la cultura cinematográfica a todos los niveles. En ese campo de divulgación cultural (el más importante) el ICAIC publica regularmente la revista ‘Cine Cubano’.

            Fresa y chocolate’, realizada en régimen de coproducción con diversos países del área iberoamericana, España entre ellos, responde a los postulados estéticos del cine del subdesarrollo (o cine imperfecto, como lo llama el director del ICAIC, Alfredo Guevara): se prescinde totalmente de cualquier tipo de alarde técnico para concentrar los exiguos medios de que se dispone en la historia que se está narrando ; es algo a lo que el público de estas latitudes no está, desde luego, habituado, y sin embargo parece ser que está dando resultados a nivel de taquilla. Gutiérrez Alea, quien esta vez comparte las tareas de dirección con Juan Carlos Tabío, hace uso de técnicas de distanciación brechtianas (tanto en la dirección de actores como en la elección de los emplazamientos de la cámara) para conseguir que el espectador no se identifique nunca con los personajes y mantenga en todo momento una postura crítica para con la trama argumental.

            El argumento de Fresa y chocolate se enfrenta con un tema un tanto espinoso: la marginación en que el régimen castrista (y todos los gobiernos comunistas en general) tiene sumidas a las minorías sexuales –los homosexuales en este caso. Se trata de una temática considerada tabú en casi todos los países, hasta el punto de que sólo en contadas ocasiones se le ha podido tratar de una manera directa. Hay muy pocos títulos de interés acerca de la intolerancia para con los homosexuales o sobre la ubicación de su problemática en el seno de la lucha de clases. Podemos citar ‘Tempestad sobre Washington’ (1962), de Otto Preminger, ‘Escenas de caza en la Baja Baviera’ (1968), de Peter Fleischmann, ‘El conformista’ (1970), de Bernardo Bertolucci, ‘La ley del más fuerte’ (1974), de R.W. Fassbinder, y pocos más. Pero el film de Gutiérrez Alea no se centra únicamente en esta problemática ; también aborda con gran sinceridad el tema de la iniciación sexual de un militante de las Juventudes Comunistas (la revolución sexual de Wilhelm Reich) enfrentado a la incomprensión de sus compañeros de militancia.

             La dirección de Gutiérrez Alea y Tabío es en esta película de lo más ajustada. El guión traduce la historia de una manera de lo más eficaz, sin tratar de ocultar el evidente didactismo brechtiano de la trama. Los personajes no son en realidad individuos, sino más bien arquetipos de ciertas situaciones características que indudablemente se presentan en la sociedad cubana actual y también en muchos otros países. La mayor atención de los realizadores, que se muestran en todo momento conscientes de la premura de los medios de que disponen, está en la dirección de actores y actrices, donde hacen gala de una pericia verdaderamente extraordinaria: todos los participantes desempeñan magníficas actuaciones, adecuadas a sus respectivos papeles. Por otro lado, tampoco desde un punto de vista técnico-narrativo se le puede reprochar nada a esta película, ya que la cámara está colocada siempre en el lugar adecuado y se mueve según unas pautas matemáticamente calculadas. Una gran obra cinematográfica, en definitiva, que no desdice nada en absoluto del resto de la producción fílmica de este veterano director cubano.

[ATRAS]