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ACADEMICISMO DESANGELADO (‘La Gaceta de Canarias’, 3-VII-1994) M. BUTTERFLY TITULO ORIGINAL: M.
Butterfly NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1993 DURACION: 98 min., COLOR DIRECTOR: David Cronenberg INTERPRETES: Jeremy Irons,
John Lone, Barbara Sukowa, Ian Richardson DOS
VIEJOS GRUÑONES TITULO
ORIGINAL: Grumpy Old Men NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1993 DURACION: 100 min., COLOR DIRECTOR:
Daniel Petrie INTERPRETES:
Jack Lemmon, Walter Matthau, Ann Margret, Daryl Hannah
La cartelera tinerfeña empieza a acusar ya por estas fechas los
efectos pre-veraniegos. La calidad de la programación en las salas de la
capital va bajando por momentos y, lo que es más grave, las películas
–cualquiera que sea su calidad, pues ésta, como es sabido, no influye
demasia- do en los gustos del público- se eternizan en cartel, impidiendo
el paso a nuevos estrenos, entre los cuales, quién lo duda, se encuentra
seguramente algún título interesante. En todo caso, el aspecto externo
del problema es el que aquí se describe, y si en este artículo se aborda
el análisis de dos películas que de por sí no merecerían el menor
comentario es precisamente por la situación a que nos referimos, que vacía
totalmente de contenido la labor del crítico.
El director de ‘M. Butterfly’, David Cronenberg, ganó cierta notoriedad a partir
de la segunda mitad de los años 70, sobre todo a raíz del estreno de
su tercer largometraje ; se trataba de ‘Vinieron de dentro de ...’
(1975), un mediocre film de terror de serie B de evidente influencia televisiva, pero que sin embargo sorprendió a propios y extraños por la
originalidad de su planteamiento argumental, que aparte de combinar hábilmente
el terror con el erotismo utilizaba recursos narrativos procedentes de géneros
tan dispares como el splatter-movie
al estilo de ‘La noche de los muertos vivientes’ (1968), George A.
Romero, con el cine de catástrofes tipo ‘El coloso en llamas’ (1974),
de John Guillermin. La producción posterior de Cronenberg se ha
circunscrito sobre todo a los géneros de terror y ciencia-ficción, con
algunos títulos dignos de consideración, como por ejemplo ‘Cromosoma
3’ (1979), ‘Scanners’ (1980) o el remake de ‘La mosca’ (1986), sobre el famoso original de Kurt
Neumann del año 1958, una de las obras culminantes del cine de
ciencia-ficción, y, por supuesto, sin conseguir superarlo.
El rápida éxito internacional de Cronenberg le ha impedido a este
cineasta consolidar un estilo propio, para lo cual probablemente no está
capacitado. Todos los indicios –incluida la película aquí comentada-
apuntan a que este director no es en realidad más que un modesto artesano
que nunca debió abandonar los films de bajo presupuesto. De hecho, todos
sus intentos hasta la fecha de superar sus coordenadas originales,
cercanas al subgénero gore, han
redundado en rotundos fracasos, como ocurrió, por ejemplo, con ‘La
zona muerta’ (1983), una (al decir de la crítica) insustancial y
soporífera adaptación de una ya de por sí no demasiado sugerente novela
de Stephen King. Algo parecido ocurrió con ‘Inseparables’ (1988),
cuyos resultados en la pantalla no estaban, desde luego, a la altura de
las pretensiones intelectualoides de su autor, a pesar de contar con la
inestimable colaboración de Jeremy Irons para el papel estelar. Todo el ‘estilo’ de Cronenberg parece estribar en elegir bien a los
actores protagonistas de sus películas, ya que su aportación al lenguaje
cinematográfico es prácticamente inexistente ; Cronenberg confunde, a
ojos vista, la seriedad del planteamiento con la lentitud y la falta de
ritmo ; esto resulta especialmente notorio en su último producto, M. Butterfly, que se ha intentado presentar a bombo y platillo como
una especie de boom erótico.
Cronenberg se ciñe a un academicismo más que rutinario, limitándose la
mayoría de las veces a dirigir a los actores y a procurar que la
presencia de la cámara moleste lo menos posible , a tal fin repite hasta
la saciedad los mismos desplazamientos de la misma: travelling
lento hacia la izquierda, plano-contraplano y grúa descendente en los
exteriores. El resultado, un argumento melodramático que pudiera haber
dado mucho más de sí, resulta, además de aburridísimo, inverosímil, a
pesar de tratarse declaradamente de un suceso real y del denodado esfuerzo
realizado por los actores por hacer creíbles sus personajes respectivos.
El único atractivo, por otro lado, de ‘Dos
viejos gruñones’, de Donald Petrie, radica en el casting:
una entrañable colección de viejas glorias, desde el superveterano
Burgess Meredith (93 años, la misma edad que representa en la película),
inolvidable característico en un sinfín de películas clásicas, hasta
el dúo protagonista, los insuperables Jack Lemmon y Walter Matthau, en su
ya cuarta intervención juntos para la gran pantalla, tras ‘En bandeja
de plata’ (1966) y ‘Primera plana’ (1974), ambas de Billy Wilder,
y ‘La extraña pareja’ (1968), de Gene Sacks. Además está también
una Ann Margret bastante entrada en años que demuestra ser actualmente
bastante mejor actriz que lo que fue en su juventud. El argumento de Dos
viejos gruñones no pasa de ser un mero vehículo de lucimiento para
este brillante elenco, una insustancial trama de enredo sin mucho interés
desde un punto de vista cinematográfico. El director, Donald Petrie, de
quien ya se había visto previamente ‘Mystic Pizza’ (1988), una
comedia intrascendente de ambiente estudiantil, se limita a subrayar sin
demasiado entusiasmo la labor de los intérpretes, llevando a cabo un
trabajo rutinario y más bien académico que no aporta demasiado al 7o
Arte. De todas formas, Dos viejos
gruñones merece ser vista, aunque sólo sea en su calidad de revival
de figuras clásicas de la pantalla ; pero aún para los no-nostálgicos
constituye un pasatiempo agradable y muy bien interpretado, cosa que,
desde luego, es de agradecer en los tiempos que corren. |