La Tribu de los Gazules, o Conquista de Alcalá
Introducción
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Á
MI RESPETADO AMIGO EL SR. D. FRANCISCO RODRIGUEZ ZAPATA, Pro. Capellán
Real en la de S. Fernando de Sevilla, y Catedrático propietario de Retórica
y Poética por oposición en el Instituto agregado a la Universidad
literaria de la misma.
No creo que podais dispensaros, bondadoso y entendido maestro, de admitir esta insignificante y pobre producción, que concebí y empecé, cuando de niño escuchaba ávido vuestra voz y me inspiraba con vuestro fervor y con vuestros escritos ; porque á vuestro lado se despertó en mi alma hace veinte y tres años, y se inoculó en mí el entusiasmo y culto, que rendia la vuestra á los objetos dignos y sublimes. Vos habeis sido el águila, que habeis tocado en las altas regiones sin fatigar vuestras alas, mientras que yo me complacia desde el suelo en veros entre las nubes, sin atreverme a desplegar las mias, que creo cortadas y sin fuerzas. Pero había yo bosquejado, en sus primeras lecciones y ejemplos, una idea, que fluctuaba en mi cabeza, de recoger las tradiciones de mi cuna: habia borroneado todo el primer canto de este poemita, en esa edad en que todo nos sonrie y nos parece hacedero ; pero arredrado más tarde al tocar los desencantos y empañarse el prisma de las juveniles ilusiones, asustado de mi empresa la abandoné por completo al promediar el segundo, relegando al olvido mi quimera. Hace dos meses que, revolviendo apuntes y papeles de mi mocedad, los tropecé ya casi borrados, pues habian pasado cuatro lustros largos sobre ellos ; los empecé a descifrar, y se rejuveneció de nuevo mi corazón, aunque mi cabeza había encanecido en ese tiempo y quise seguirlos para dedicároslos y daros una prueba respetuosa de filial cariño, sabiendo por demás lo indulgente y cariñosa que es vuestra natural bondad. Ahí os envío mi obra, mi querido amigo, mi respetado maestro. Leed eso que os dedico ; es pobre y pequeña, pero es histórica y sentida y muy poco tiene de novelesca. Por lo que debereis verla con doble interés, que es lo que deseo, á fin de si debe y puede conservarse, y no devolverla al lugar donde yo la tenia en gérmen y en embrión. Si la creeis susceptible de vuestro prohijamiento, hacedlo ; conservadla en tosco y pulimentadla con vuestra sana y justa crítica, sondeándola con el escalpelo de vuestra amistad é indultencia, y mandadme después esos retoques y limaduras para abrigarlos obre mi corazón, al modo de cómo recoje ávido las del rico joyero el mendigo ó el de escasa fortuna, si las tropieza en su camino. Por último, si ni aún de esto es digna, miradla como una enojosa carta, y una relación prolija de un ensueño de mi acalorado espíritu, que tuvo el que os la escribe, y que se debe acabar de leer, por ser de un amigo sincero de la juventud, y un apasionado admirador, tras veinte años de ausencia y de contrarias vicisitudes, en que han desaparecido parte de los actores y hasta el escenario mismo ; pero en que hémos sentido, sin embargo, una necesidad, y era la de estrechar nuestros corazones. Sabe bien que fue siempre suyo el de Manuel María de Puelles Alcalá de los Gazules 28 de Mayo de 1863 BREVE PRECEDENTE Nacido en el istmo que forma el campo célebre de Gibraltar, en una población antiquísima y árabe de nombre, de fisonomía, de costumbres y tradiciones, y desde cuyas eminencias se divisan el Estrecho y los dos mares, el pequeño Atlas y la sierra de Anghera y de Tánger y aspirando de continuo las áuras africanas y el impetuoso viento del Sudeste, que pasa por Berbería y el Tremesén, y que riega y salpica nuestro suelo con sus perfumes y con las semillas de su hermosa Flora, así como nos empuja las bandadas de tórtolas y golondrinas al terminarse su corto invierno ; natural era que me viese siempre arrastrado ó impelido por instinto y desconocida fuerza á grandes simpatías y caras afecciones hacia los orientales, nuestros antiguos y más benignos y tolerantes de aquellos osados conquistadores, que se hicieron y habían de ser españoles también tras siete siglos de dominación, en que nos dejaron sus monumentos, sus monedas, sus ganados, su cultura y parte de su idioma y sus escritos, como legaron y quedaron esparcidos sus sepulcros, sus acequias y sus palmeras. Con doble razón sería esto en una comarca, en que se conservan vivas y frescas las creencias de que estamos emparentados con ellos, como descendiendo de familias mozárabes en plena fusión y paz con los vencedores, ó de moriscos conversos, que se libraron de la expulsión de Felipe IV ; no teniendo esto más fondo de verdad en sí, atendida la intolerancia y rigidez que se desplegara en su definitiva expulsión, sino el entusiasmo que nos producen las baladas y cuentos, que oimos en nuestra niñez, y los cantos romancescos, con que somos arrullados en nuestras cunas, de imágenes orientales ó sucesos granadinos versificados por el popular Pérez de Hita. Así como así, no se debe censurar esta tendencia, que vemos aplaudir en las comarcas del Norte, de creerse oriundos de la sangre Goda y Alana, que no pasa de ser aún más exótica y distante de la nuestra, que la de nuestros vecinos. Pero concretamente, diré, que aunque mi linaje principal es Riojano, siempre he sentido yo una viva satisfacción de creer podía tener sangre árabe por el apellido de Venegas, uno de los de mi madre, que siendo toda una piadosa cristiana rancia, no se desdeñaba, ni disgustaba en creer, que descendía del añejo tronco de esta familia tan conocida en la costa de los Alhamares. Hé ahí explicado también, tras esta precisa digresión, el origen y motivo, que tal vez me ha impulsado y ha tenido mi obra. En ella, tras los rasgos de mi pobre y desaliñada fantasía, está una una cosa digna de respeto, la historia genuina, con las tradiciones más puras y posibles de mi pátria. Hé consultado para lo que he escrito cuanto hé podido hallar y comprender en autores de conocido crédito, árabes y cristianos, como Durán, Mármol, Conde, Admed-Almakari, Ben-Hasid-el-Casir, el Conde Gremberg de Hemsó, Dozy, Ébn-Abden, Risco, Romey, Adolfo de Castro, Lafuente Alcántara, Argote, Pablo Espinosa y Ortiz de Zúñiga ; y para lo que no me pudieron ilustrar estos, la mina de tradiciones grabadas en mi memoria, como las figuras de los ancianos á quienes se las oia, y mi propia inspiración, que me arrastraba á lo novelesco, terreno único para indicarme lo que debió de haber sido, cuando desconocía la causa, ó la verdad de lo que fuera. No tengo
pretensiones en mi pequeño y frívolo trabajo, de nada que sea á trate
de ponerme en pugna ú oposición con plumas autorizadas, que yo envidio y
respeto, como el musulman la Sumna ó Tradición. Mi obra es sólo
producto del entusiasmo de mi corazon, y há salido de él á borbotones,
como el agua de los manantiales, por lo que tal vez sea fantástica, poco
ordenada y correcta, como lo que es efecto de tal origen. Si fuera hija de
la mente y de ideas elaboradas por la reflexion y la calma, tal vez no
adoleceria de estos lunares. Ello es un sentimiento puro de mi alma, no
una manifestación ó síntesis del mis ideas, y como á tal, la someto á
los que, no hallando nada que aprender en sus paginas, tengan algo que
sentir. Por esto yo suplico a mis lectores y críticos, que comprendiendo
mi idea, disculpen mi osadia en gracia de la fé y entusiasmo por los árabes,
que se despertó en mi corazon desde la infancia. |