HISTORIA DE LA FAMILIA DE LOS PUELLES
Capítulo 5
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Primeros siglos de la Reconquista. Situación de
la Rioja castellana y alavesa en dicha época. Aparición de los dos hermanos Puelles en la conquista de Baeza por San Fernando al lado de D.
Diego López de Haro.
Tras el desbordamiento de los árabes, que inundaron la España y
la mitad de las Galias constituidos ya en Imperio Merovingio o Reino
Franco de los descendientes de Faraimundo, las espadas de los Alfonsos
en Asturias, Sancho Abarca y sus hijos en Navarra, Carlos Martel, Pepino y
Carlomagno en las Galias y los Berengueres en la Marca
Gótica y Cataluña, fueron el valladar y dique de la inundación
muslímica, retirándose el torrente a su cauce bajo el segundo de los
califas Abderramanes de Córdoba, aún bajo el tiempo de su gran general y
caudillo Almanzor, no pudieron recabar el terreno una vez perdido ya, ni
volver a ocupar el suelo que los héroes cristianos mencionados rescataron
de su dominación. Entonces la Rioja, esa
fertilísima y risueña comarca que baña el primer río de nuestra
patria, el sagrado Ebro, esa comarca y valle tan abundante y colmado de
frutos y poblada de razas heroicas como la numantina
y calagurritana, que hicieron
temblar con su resistencia a los señores del mundo, conquistada en ambas
orillas por los reinos convecinos de Navarra y Asturias,
vino a poblarse de nuevo de briosos caballeros cristianos que cuando [no]
guerreaban en la frontera dedicaban sus afanes al cultivo de su suelo privilegiado, poblado de olivos, viñas y toda clase de árboles frutales y
rico en mieses y legumbres. Allí, en esa bella comarca regada por seis
riachuelos que se desprenden de las últimas vertientes de los Pirineos y
de las montañas astures y que después de
fecundar todo el amenísimo valle engruesan el caudaloso Ebro, allí,
cerca del solar de la antigua Numancia y próximo
a Calahorra, se albergó la familia de Puelles, dedicada, como las demás
de su clase, a la guerra cuando se declaraba ésta y al cultivo de sus
heredades cuando dejaban de sonar las trompas cristianas y los atambores y
lelilíes árabes.
Allí
promediaron tres siglos de completa oscuridad para nuestra historia y para
ésta en general y las ciencias, en que sólo el santo
monje de Silos empezó su poema alejandrino y se comenzó a
borronear también el célebre Poema del Cid por algún Homero desconocido
que en tosco y nuevo lenguaje latino y español rompió a cantar las
portentosas hazañas del héroe castellano. En todo este tiempo no faltó,
tras la guerra nacional y religiosa, algún cruento combate entre los
mismos cristianos, que hasta se aliaban con los árabes para disputarse el
terreno conquistado de la Rioja, que estando en la confluencia de tres Estados
cristianos, era objeto de luchas para Aragón, Navarra y Castilla,
engarzada ya con el reino Leonés-Gallego-Asturiano. Alfonso VI, el
conquistador de Toledo, incorporó definitivamente este rico territorio
a su reino de Castilla en toda su orilla derecha, que correría en
adelante siempre unido a ella, quedando por límite el Ebro, en fuerza de
su brazo y de sus reconocidos derechos como descendiente de Sancho el de
Navarra, conocido en la historia por El Depeñado de Peñalén. Así la
heredó la célebre madre de San Fernando, Da Berenguela,
biznieta de Alfonso VI.
En
las primeras empresas del Santo Rey, su hijo, al empezar el siglo XIII,
invadió éste la Andalucía, dividida en varios reyezuelos después de la
caída del califato de Córdoba y de la derrota
de las Navas, sitiando a Ubeda y a Baeza
con las mesnadas de sus ‘ricos hombres’. En este ejército victorioso
formaban los dos primeros varones que de nuestro linaje suenan, llamados
Sancho Martín y Nuño de Puelles, acaudillados, como todos los de su país,
por el célebre conde D. Diego López de Haro [D.
Lope Díez de Haro, en realidad], de la casa señorial de Vizcaya, y
que, como inmediato deudor y allegado, los llevaba tras de sí componiendo
su cohorte lúcida de adalides prontos a lanzarse tras de su caudillo
principal a las primeras y más arriesgadas empresas. Y en efecto, este
plectoso [sic] varón, al frente
de su gente y llevando a su lado a los dos hermanos Puelles y otros
caballeros hasta un número de treinta y seis, escaló los muros de Baeza
el día 30 de Noviembre de 1227 y del Santo Apóstol San Andrés, apoderándose
de sus adarves y de la Torre de Olit, principal baluarte de la villa,
dejando en memoria de su triunfo dentro de la galería de la célebre
Torre los escudos de armas de los 36 caballeros riojanos principales campeones
de la empresa, siendo los primeros los de los hermanos Puelles.
Tomando la ciudad por su abogado y patrono el Santo Apóstol, conserva el
nombre de Puerta del Conde de Haro aquella por donde se introdujo D. Diego
[D. Lope] con sus leones riojanos.
Y
aquí debemos detenernos para hablar de este esclarecido campeón que quedó
en Guarda de la Ciudad por ser un personaje muy importante en el país por
su nacimiento y poderío, siendo de mucho valía para la historia
nacional, no sólo por su renombrado valor, sino también porque él y
su familia, soberana de Vizcaya y de la Rioja Alavesa, estuvo enlazada o
unida a la de nuestros reyes. Primo segundo de D. Alonso [¿Alfonso?]
el Sabio, décimo rey de este nombre, heredó de su padre Diego Díaz [López]
de Haro el señorío de Vizcaya, a quien sucedió su hijo D. Lope Díaz
de Haro, que dejó [la
soberanía]
a su hijo D. Lope Díaz de Haro, duodécimo señor de ella , que siguió a
la muerte del Sabio rey la parcialidad de su hijo Sancho IV, conocido por
El Bravo, contra los Lazerdas, hijos del primogénito, y para colmo de
ingratitud y perfidia fue muerto por mano del mismo rey D. Sancho en la
villa de Alfaro en 1284, siéndole arrebatados sus castillos y lugares de
la Rioja. Era, pues, pariente próximo de la Casa Real y no muy lejano
de los hermanos Puelles, que siguieron siempre a los Lopez de Haro [Díez
de Haro] en sus campañas como entonces se seguían a los cabezas de
linaje.
Sus próximos deudos alcanzaron su misma suerte. Establecidos en el lugar de La bastida, en la orilla izquierda del Ebro y concurriendo al Solar e Iglesia de Santa maría de la Piscina en San Vicente de la Sonsierra como descendientes de Ramiro Sánchez de Navarra, de los López de Haro y de la familia de Bigorza, que era la dinastía reinante en Castilla y de la nuestra, más modesta, pero ilustre familia también, que descendía, según se ha escrito, de ella y de este antiguo real Solar, gozando de la preeminencias y asiento de diviseros de ella, según lo probaron y evidenciaron. Tres siglos más tarde Pedro y Jerónimo de Puelles Alvarez, hijos de Pedro de Puelles y Amurrio y sobrinos de Juan de Puelles y Amurrio, hermanos e hijos de Pedro de Puelles Montoya, que lo fue de Francisco de Puelles ; igualmente lo habían sido de otro Pedro de Puelles y Amurrio, también descendiente de Iñigo de Puelles y de Polonia Amurrio. Esta genealogía tan larga consta en los documentos y ejecutorias que en la villa de Ampudia sacó al empezar el siglo XVI Pedro de Puelles, Alcalde de Hijosdalgo de aquella Villa, para acreditar su procedencia real y que en su lugar y siglo oportuno tocaremos, probando todo esto que los Puelles del solar real de Santa María de la Piscina estaban entroncados con las familias reinantes de toda España como legítimos descendientes de Ramiro Sánchez de Navarra, fundador de dicha real casa, cuya edificación y gobierno dejó encomendado en su testamento de principios del siglo XII al abad de San Pedro de Cardeña.
Reanudando
mi relato que he cortado con esta larga digresión. Diré que establecidos los descendientes de Sancho Martín y Nuño de Puelles después y
antes de sus campañas a la sombra de sus parientes los de Haro en Labastida,
San Vicente de la Sonsierra y Avalos, transcurrieron los siglos XIII y
XIV, de grandes guerras y disensiones por la rivalidad de los infantes
Lazerda con su tío Sancho y por las guerras contra los mahometanos en los
célebres sitios de Tarifa, Algeciras y Gibraltar y en la memorable
batalla del Salado en este nuestro territorio, en donde jóvenes y
apuestos mancebos de nuestra ya larga familia acudieron bajo los
estandartes de los Haro al mando todos del célebre y bravo rey Don
Alfonso el Batallador y onceno de su nombre. Tal vez moraron y
acamparon en esta nuestra patria hoy de Alcalá, donde se detuvo el rey
y su ejército varios días sin pasarles por las mentes que cinco siglos
después un descendiente suyo, el que vino también al bloqueo de
Gibraltar, se había de establecer en ella y ser el tronco de otra
dilatada, aunque modesta, familia. _____________________________
Se
refiere a D. Lope Díez de Haro
Actualmente se la conoce como Marca
Hispánica. Se trata de una de las zonas fronterizas con que
Carlomagno rodeó su imperio, ubicándolas en aquellas regiones que
consideraba más conflictivas. La frontera hispánica, que abarcaba
aproximadamente toda la franja situada entre el Ebro y los Pirineos,
se instituyó más que nada como una continuación de los esfuerzos
pacificadores e integradores realizados en Aquítania, donde persistían,
sin embargo, los elementos de inquietud y revuelta, pero asimismo sirvió
para contener, con la ayuda de los condes catalanes, el avance de
los musulmanes, que habían sido expulsados de tierras galas
recientemente. La Marca Hispánica, al principio tierra de nadie de uso exclusivamente militar, fue repoblada muy pronto por los descendientes de
antiguos emigrados hispanogodos que se habían refugiado en tierras
aquitanas y en Septimania. [LADERO QUESADA, op. cit., pg. 271]
[VOLVER]
Las incursiones musulmanas en regiones destinadas a
permanecer cristianas se desarrollaron en dos oleadas distintas.
Las primera, después del hundimiento del Estado visigodo en España, no
fue más que la última prolongación de las gran conquista islámica ;
bien a pesar de la intención de sus promotores, no consiguió islamizar
la Galia, y su dominio sobre Hispania fue sólo temporal, como sabemos.
La conquista política y la conversión religiosa eran sus objetivos
finales. Al contrario, la segunda oleada, llamada de los ‘sarracenos’ y que dio lugar a las Cruzadas, fue únicamente el resultado de
acciones no coordinadas de pequeños grupos que buscaban el botín más
que la sumisión de los infieles y el de empresas privadas, que sólo re-
percutieron en beneficio del Islam de manera supererogatoria. Ninguna
de estas dos empresas, por otro lado, merece propiamente el nombre de ‘árabe’.
Antes del siglo XI los árabes sólo ocuparon algunos puestos de mando.
Berebe res, españoles e italianos convertidos, levantinos de todas
clases, desempeñaron un papel por lo menos igual. Estas diferencias, aún
más avivadas entre los árabes por el odio tribal (‘asabiya),
tuvieron cierta influencia en el desarrollo de las incursiones. [MUSSET,
Lucien, 1982, Las invasiones (2. El
segundo asalto contra la Europa cristiana), Barcelona, Labor, pg. 96]
[VOLVER]
La heroica ciudad celtíbera de Numancia no era
riojana, ni estaba tampoco bañada por el Ebro. Su ubicación geográfica
–en el Cerro de Garray, cerca de Soria, formando un ángulo entre los
ríos Tera y Duero- fue establecida por Saavedra en 1860 [antes de que se
comenzara a escribir el libro de Manuel Ma de Puelles,
por tanto], y Schulten localizó en 1905 los campamentos romanos ; comenzó
acto seguido las excavaciones en la acrópolis, hallando restos de la
ciudad indígena debajo de un estrato urbano posterior al año 133 A.D.C.,
fecha de la conquista romana, a pesar de que el lugar estuvo sin duda
habitado durante la Edad del Bronce y a comienzos del Hierro, la
evidencia arqueológica demuestra que el primer estable- cimiento urbano no
se remonta más allá del siglo III A.D.C. ; ya desde entonces, y
debido a su privilegiada situación, en el centro de una rica comarca
cerealista, Numancia se convirtió en una de las poblaciones más
importantes de los ‘arevacos’, así como en el centro neurálgico de
la resistencia celtibera frente a la conquista romana. [Diccionario Enciclopédico
Hispano-Americano, op. cit., XIII, pg. 1.170] [Nueva
Enciclopedia
Larousse, op. cit., pg. 7.101]
[VOLVER]
Como el resto del valle
del Ebro, la actual Rioja pasó a poder de los musulmanes en el año 714.
En los dos siglos siguientes éstos mejoraron y ampliaron los sistemas de
regadíos de época romana mediante la construcción de numerosas
acequias. En esta época se la denominaba al
Assiqia (‘tierra de acequias’). En el año 923 fue conquistada por
Ordoño II, rey de León y,
posteriormente, por Sancho Garcés de Navarra. Se produjeron en los años
siguientes oleadas repobladoras de navarros y alaveses (durante un tiempo
en el valle del Oja y del Tirón se habló vascuence)
que convivieron con la población autóctona mozárabe. Durante los
siglos XI y XII las tierras riojanas fueron motivo de disputa entre los
reyes castellanos y navarros por lo que pasaron varias veces de unas manos
a otras. En 1167 se reclamó el arbitrio de
Enrique II de Inglaterra, quien dispuso que fuera entregada
definitivamente al reino de Castilla. Pese a ello, en algunas ocasiones
fue atacada e incluso tomada por navarros y aragoneses, como ocurrió en
1336 o en 1460, aunque, en todos los casos, volvió pronto a manos
castellanas [Encarta
’98 CD-Rom]
Difícilmente puede desembocar en la Rioja ningún
riachuelo nacido en las montañas asturianas. El autor debe estarse
refiriendo más bien a la Cordillera Cantábrica.
[VOLVER]
Como
se ha visto en una nota anterior, Numancia no se encontraba en las
actuales tierras riojanas, aunque sí en sus cercanías. Sí se
encontraba en esa región, en cambio, la ciudad de Calagurris,
la antigua Calahorra, cuyas ruinas se encuentran, efectivamente, cercanas a la moderna población.
[VOLVER]
Se refiere, por supuesto, el autor, a Gonzalo de Berceo
(1198?-1264?), primer poeta castellano de nombre conocido e iniciador del Mester de Clerecía.
[VOLVER]
Al desaparecer el califato de Córdoba (1031), Al-Andalus
se fragmentó en numerosos núcleos independientes, al frente de los
cuales se situaron los llamados reyes
de taifas. Las continuas guerras entre los reinos taifas favorecieron
la intervención creciente de los reyes cristianos, a través de la política
de ‘parias’: los taifas pagaban a los cristianos tributos para no ser
atacados o a cambio de ayuda militar. La constante sangría económica a
la que se vieron sometidos les obligó a incrementar la presión fiscal
sobre sus súbditos, lo que motivó el descontento de la población. La
situación de debilidad frente a los cristianos se hizo patente en el 1085
con la conquista de Toledo por Alfonso VI. Este suceso precipitó la invasión
almorávide, y con ella la desaparición de los primeros taifas.
Tras el hundimiento del poder almorávide a mediados del siglo XII
surgieron los segundos taifas. Su efímera existencia concluyó con la
invasión almohade en 1157. La derrota almohade en la batalla de las Navas
de Tolosa (1212) favoreció la aparición de los terceros taifas, pero de
ellos sólo sobrevivió el reino nazarí de Granada. [Encarta
’98 CD-Rom]
[VOLVER]
Baeza, municipio
ubicado a 48 km de Jaén, en Andalucía, tiene una larga historia.
Plinio el Viejo hablaba ya de sus habitantes, denominándoles vincienses,
y Tolomeo los incluye entre los pueblos oretanos y la nombra Biatra
(con una antigüedad de 3.500 años), derivándose su actual denominación
del árabe Biesa. Su toma por
las fuerzas cristianas se encuadró dentro de un plan general conocido
por ‘gran Reconquista’, un rápido avance cristiano por varios
frentes que terminó con el poder político islámico en la Península,
excepción hecha del reino de Granada. Las circunstancias que llevaron a
estos acontecimientos fueron las siguientes: a) La descomposición del
Imperio almohade y la reaparición de poderes locales en Al-Andalus ; b)
La reunificación de Castilla y León en 1230 bajo el mando de Fernando
III, que era rey castellano desde 1217 ; c) El fin de
la política occitana catalano-aragonesa bajo Jaime I y la dedicación de
este rey a las tareas conquistadoras ; d) El desarrollo de las crisis
internas que enfrentaron en Portugal a los reyes Sancho I a partir de 1211
y Sancho II entre 1226 y 1248 ; e) La extinción de la dinastía vazcona
en Navarra en 1234 y la aceptación de Teobaldo de Champaña como rey.
[LADERO QUESADA, op. cit., pp. 648-49]
[VOLVER]
Pueden verse sobre este hecho los nombres de los treinta y
seis caballeros con sus escudos de armas en la historia que compuso D.
Luis Argote de Molina Nobiliario del
Andalucía
[Nota del autor]
[VOLVER] El rey que recibió el sobrenombre de ‘el Batallador’ no fue éste, sino Alfonso I de Aragón (1073-1134), hijo de Sancho I y de la reina Placencia, que sucedió a su hermano Pedro I en 1104. Su matrimonio con la reina de Castilla, Doña Urraca, terminó con la separación entre ambos reinos. Conquistó todo el Valle del Ebro, llevó sus ejércitos a Valencia, Murcia y parte de Andalucía y consolidó la dominación aragonesa en el Sur de Francia. En cuanto a Alfonso XI de Castilla (1311-1350), el monarca que menciona el texto y que recibió el sobrenombre de ‘el Justiciero’, fue hijo de Fernando IV el Emplazado y de Constanza de Portugal. Alentó la Reconquista con victorias como la de la batalla del Salado (1340) y la toma de Algeciras (1344). Robusteció la autoridad real frente a la nobleza apoyado en las Cortes. Casó con María de Portugal, que le dio al futuro Pedro I, pero tuvo varios hijos con Leonor de Guzmán, entre ellos Enrique de Trastámara, que reinaría después de matar a su hermanastro Pedro. [Enciclopedia Multimedia Durvan CD-Rom] [VOLVER] |