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CAPITULO 6o: Fin del siglo XIV y principios del XV. Los Puelles, señores de Davalillos. Historia de Diego López de Puelles, tercer señor de Autol, y de su hermano Juan, defensor de Torrijas.-
Al principiar y mediar el siglo XIV, después de los reinados de
Fernando IV, Alfonso XI y Don Pedro I, primero conocido por El Cruel, en
cuyas turbulentas guerras civiles tomó la Rioja partido por su hermano
Enrique II, llamado el Bastardo de Trastámara, siguiendo en la familia el
bando de éste y sirviendo en sus banderas. Existía entonces en Davalillo,
conocido hoy por Avalos, junto a Labastida y San Vicente de la Sonsierra
un señorío cuyo castillo se hallaba situado sobre el monte Oslima, que
divide la Rioja de Alava y a cuyos pies corre el riachuelo del Solabet.
En este señorío pequeño, pero importante atendiendo a su antigüedad,
estuvieron los descendientes de los Puelles conquistadores de Baeza hasta
que hubieron entrado en relaciones de amistad con sus vecinos comarcanos
de su clase y rango. Era de entre ellos el principal. Pedro Giménez de
Arnedo, primer señor de la villa de Autol por donación que el célebre
Don Enrique II, el de las Mercedes, hizo al caudillo Giménez en el real
sobre Toledo ; este adalid riojano se distinguió tanto en sus servicios
que el rey lo hizo Jefe de la Guarda de su Cuerpo, alto honor de todos
tiempos, y además le concedió el dicho señorío
en 1369. Habiendo muerto el Giménez de Arnedo en su castillo de Autol
en 1402, le sucedió en dicho señorío su hijo Pedro Giménez, llamado
el Manco por algunos para diferenciarlo de su padre, del mismo nombre y
apellido, y por otros el Delgadillo. Tuvo también otros hijos, Don
Gonzalo y Doña Catalina, de cuyas ramas no se vuelve a tener noticias.
Habiendo muerto Pedro Giménez hijo, segundo señor de Autol, en
1430, dejó en herencia a su única hija, Doña Beatriz Ponce de León,
habida en su mujer Doña Teresa Ponce de León,
su villa y señorío. De esta fecha parte el entronque de los Puelles con
la Casa de Autol, cuyo suceso proviene del casamiento de Don Diego López
de Puelles, señor de Davalillo, con Doña Beatriz Ponce, señora de
Autol, en 1431, reinando en Castilla Don Juan II y rigiendo los destinos
del país el célebre Condestable Don Alvaro de
Luna, favorito omnipotente
del monarca y que de hijo bastardo de un hidalgo aragonés y de la mora
María Cañete, de dudosa fama, había escalado puerto de tanta importancia.
Era, como dijimos, Don Diego López de Puelles ahijado del célebre también
Conde de Haro y llevaba, como era costumbre de entonces de tomar los
nombres de las madres y parientes y hasta los apellidos, el nombre y
primer apellido también de su ilustre deudo, y habiendo seguido a éste
en sus campañas de Portugal en los tiempos de Enrique III, a su regreso
de la campaña con su valeroso hermano Juan de Puelles, del que más
adelante hablaremos, conoció y amó, concluyendo por darle la mano, a la
hermosa y rica hembra Señora de Autol Doña Beatriz, nieta de Pedro Giménez
de Arnedo, y por ser de más importancia este señorío que el suyo de
Davalillo, empezó a titularse Señor
de Autol y Davalillo, comprendiéndose en él el apacible y fértil
valle que riega el Cidacos, que baña y guarnece en sus orillas las casas
de la villa, que tiene sobre él tres hermosos puentes. Su fuerte y elevadísimo
castillo, que domina toda la abundosa comarca y valle, está fundado sobre
el empinado monte calcáreo de Santiago, a cuyos pies se encuentra escalonado el pueblo con sus 600 casas y más de 400 cuevas excavadas en
las faldas del monte y habitadas también por sus vecinos. Este vistoso
castillo, pues, era el alcázar y palacio donde se albergaba esta dichosa pareja, que vivieron felices y contentos en brazos de su amor y
dedicados a hacer el bien a sus vasallos, de quienes recibieron sus pechos
y tributos, poseyendo las mejores alquerías que regaba con sus esclusas
el caudaloso Cidacos. En esta mansión de
amores y felicidades pasaban sus años estos buenos señores,
rodeados de sus guardias, pajes y escuderos y educando a sus cinco hijos
Sancho, Pedro, Diego, Doña Mencia y Doña Mabel, el mayor de doce años,
y en la lactancia el Diego, cuando un suceso inesperado y trágico del
que nos da cuenta la historia en las crónicas del turbulento reinado de
Don Juan II y año de gracia de 1445 puso fin a tanta dicha y ventura. ________________________ Enrique II de Castilla (1333-1379), hijo bastardo de
Alfonso XI, fue el primer rey castellano de la dinastía Trastámara.
Encabezó la rebelión nobiliaria contra su hermano Pedro I el Cruel y con
el apoyo de Francia y Aragón logró la victoria definitiva en 1369. Bajo
su mandato nació la Audiencia y se reorganizó la Hermandad, importante
instrumento del orden público. Sus partidarios durante la guerra civil
fueron recompensados generosamente con las llamadas mercedes
enriqueñas, que permitieron el enriquecimiento de familias como los
Mendoza, Velasco y Manrique. El rey firmó tratados de paz con Portugal y
Aragón, sentando así las bases de la hegemonía castellana en la Península
Ibérica. Enrique II luchó al lado de Francia en la Guerra de los Cien Años,
derrotando a la flota británica en La Rochela (1372). [Encarta
’98 CD-Rom] Todas estas noticias están tomadas de los archivos y tradiciones de la villa de Autol, sacados por el sabio benedictino Don Florentino Bornuevo (o Barnuevo), cura del pueblo. [Nota del autor] [VOLVER] Hijo de un destacado servidor de Enrique III, Alvaro de
Luna (1390?-1453) se convirtió en el valido
(principal figura del gobierno y de la corte) de Juan II de Castilla.
Aglutinó en su torno a los partidarios de fortalecer la monarquía,
frente a los propósitos de la oligarquía de controlar el poder real. En
este proyecto sus principales enemigos fueron los infantes de Aragón y
la alta nobleza castellana. En 1420 Alvaro de Luna fue nombrado
condestable. Las alianzas entre el partido aragonés y los grandes
castellanos, que temían el poder del valido, provocaron su destierro de
la corte en 1427 y en 1440. Finalmente, Juan II, hombre de débil carácter,
presionado por su mujer, Isabel de Portugal, y por la alta nobleza,
permitió la detención y ejecución de Alvaro de Luna en Valladolid
(1453). [Encarta ’98 CD-Rom] [VOLVER] Las especiales características que revistió la historia de España durante la Reconquista, con los problemas que planteaba las repoblación y colonización de las tierras recién conquistadas, hizo que la estructura feudal, común desde hacía siglos en el resto de Europa, no llegase a afianzarse del todo en nuestro país, y en todo caso lo hizo con mayor suavidad que más al Norte: “Es cierto que la aceleración de la reconquista y la caída consecuente de los precios de la tierra reforzaron la tendencia hacia la formación de grandes propiedades y señoríos. Pero la escasez de la mano de obra había favorecido al campesinado, y es ésta la situación que explica la ausencia de algunos de los rasgos fundamentales tan típicos de las economías de otros países de la Europa occidental... Por ejemplo, no cabe duda que el monasterio de San Millán de la Cogolla, al sudoeste de Logroño, había dispuesto de una reserva trabajada por unos campesinos obligados a realizar prestaciones en trabajo. Pero el rasgo más llamativo es la rapidez con que los monjes habían cambiado de este régimen de la explotación de la reserva y de prestaciones en trabajo a un sistema de arrendamientos del dominio y de tributos señoriales ... En la Castilla y León del siglo XIII, a diferencia de Inglaterra, los señores tenían poco incentivo para aumentar la explotación de la reserva, ...” [Mac KAY, Angus, 1995, La España de la Edad Media. Desde la frontera hasta el imperio. 1000-1500, Madrid, Cátedra, pp. 83-84] [VOLVER] |