CAPITULO 7o: Tristísima relación del fin y muerte de Don Diego López de Puelles, señor de Autol, y de su mujer Doña Beatriz Ponce de León, sacado y copiado a la letra de la Crónica de Salazar de Mendoza, y continuación de la historia de la Casa de Autol hasta nuestros días.-

 

 

            En este año de 1445 medió en la Rioja una desgracia de perniciosas consecuencias. Porque pretendiendo la ciudad de Calahorra tener algún derecho a la villa de Autol, que poseía Diego López de Puelles en fuerza de la donación del rey Don Enrique II a Pedro Giménez de Arnedo, su vasallo y guarda de su cuerpo, en el real sobre Toledo a 24 de Marzo de 1369, hovieron modo los ciudadanos de conocer por la fidelidad de Pedro de Caseta, Diego de Morilla y Rodrigo de Arnedo, criados de Diego López de Puelles, los cuales el 13 de Agosto de 1445, estando este caballero con Doña Beatriz Ponce de León, su señora mujer, en la cama, les quitaron infelizmente las vidas y ocuparon la fortaleza de aquella villa y la de Davalillo, que era del mismo Diego López de Puelles. A las primeras noticias que tuvo nuestro Adelantado (Don Diego Gómez Manrique, Conde de Triviño y Adelantado Mayor del Reino de León por Don Juan II), cundió con sus tropas, sitió la fortaleza de Autol, la combatió con grande ardor, y después de 30 días de una profunda resistencia, la rindió e livró dar muerte infame a sus agresores. Pero no contentándose con cumplir así la obligación de su nacimiento, quiso que su piedad tuviese también ejercicio en aquel accidente, y haciéndose nombrar tutor de Sancho, Pedro, Diego, Doña María y Doña Isabel de Puelles, hijos legítimos de los difuntos señores de Autol, cuidó de sus crianzas y conservación de sus bienes todo lo que duró su vida, y al fin de ella los dejó encargados al Conde Don Pedro Manrique, su hijo, que también tuvo la tutoría de algunos de aquellos caballeros”.

Hasta aquí llega la crónica ; pálido y descolorido será todo lo que se refiera después de ella para probar cuán efímera es la dicha sobre la Tierra, cuán fugaces y deleznables son los goces del mundo. ¡Cuán ajenos se encontraban en sus lechos de que iban a empaparlos con su propia sangre, confundida y derramada por aleves servidores! Unos criados colmados de beneficios asesinan dormidos a sus señores, arrojando sus calientes cuerpos por los muros altísimos de su castillo al hondo precipicio de la Conejera, perdonando sus viles puñales a los cinco tiernos infantes, estremecidos de horror y salpicados con la noble sangre de sus padres, en gracia a su tierna edad y de hallarse completamente inofensivos, en los cua- les hubieron de hacer tan fuerte impresión las terribles escenas de aquella noche de asesinatos, que el más pequeño, Diego, siguió a su tutor, el noble Conde de Treviño, a su castillo de este nombre junto a Miranda de Ebro, jurando no volver más a aquel castillo lúgubre y sangriento que veía siempre salpicado con la hirviente y generosa sangre de sus padres. He aquí el origen y motivo de la traslación de la rama de Diego de Puelles Ponce, única que ya subsiste en el territorio de Miranda, para ser la cabeza de la estirpe actual.

            Don Sancho Puelles Ponce de León, cuarto señor de Autol después del asesinato de sus padres, rigió este estado desde el año de la catástrofe, en que fue puesto en posesión de sus villas por el Adelantado de León, de quien quedó pupilo hasta el [año] de 1460, en que murió soltero, sucediéndole su hermano Don Pedro, quinto señor de Autol y Davalillo, casado con Doña Catalina de Torres, teniendo por hijo único y heredero de sus señoríos a Don Diego de Puelles y Torres, sexto señor de Autol en 1480. Este casó en primeras nupcias con Doña Brianda de Luna, de quien tuvo por hija a Doña Catalina de Puelles y Luna, casada con García Sáinz de Alfaro, vecino de Alfaro y tronco de una noble familia por su hija única Doña Isabel de Zúñiga, que casó con Don Pedro Díaz de la Mota, del linaje y esclarecida casa de la Mota, que siguió dando en la Rioja varones eminentes en dignidad. De su segunda mujer, Doña María de Velasco de la casa alavesa de este estimado y antiguo apellido, entroncada con la de los Condestables de Castilla, hubo a Don Francisco de Puelles y Velasco, que le sucedió.

            Don Diego elevó en su iglesia señorial de San Adrián, en la capilla de Santiago, un monumento expiatorio del crimen de sus criados que atestiguaría a las generaciones venideras el trágico fin de sus abuelos, construyendo en ella los sepulcros de sus progenitores y descendientes, cuya capilla fúnebre, ornada de escudos de armas de su linaje, que es el león rojo rampante en campo de plata, orlado con las aspas de San Andrés en campo rojo, que fue la divisa y aumento que pusieron a sus armas todos los conquistadores de Baeza, incluso los Haros y los infantes hijos de San Fernando, que las mandó poner en adelante en el escudo nacional, donde subsisten en memoria de aquel suceso. Esta hermosa y decorada capilla se conservó para sepulcro de los Puelles hasta esta última época, en que desaparecieron los derechos feudales, y el historiador y sabio genealogista Luis Argote de Molina, autor del mencionado ‘Nobiliario de Andalucía’, la visitó en sus viajes científicos a mediados del siglo XVI, trabando gran amistad con los señores de Autol al hospedarse en su villa. Tuvo este señor, muerto en la época de los Reyes Católicos, de su segunda mujer al dicho Don Francisco de Puelles y Velasco, que le sucedió en 1502 y fue el séptimo señor de Autol, que casó con Doña Leonor de Castejón, de la más rancia nobleza, y tuvieron por hijos a Don Diego de Puelles Castejón, su primogénito y sucesor, y a Doña Juana, casada con el caballero Rodrigo de Yanguas, tronco de otra casa ilustre, de Yanguas Puelles, que así como la de Mota Puelles, disputaron los derechos al señorío a la extinción de la rama de varón.

Murió Don Francisco de Puelles Velasco en 1560 después de haber sostenido algu-nos pleitos con la villa de su señorío sobre la reversión de algunos derechos, y le sucedió Don Diego de Puelles Castejón, octavo señor de Autol, que había casado con Doña Catalina de Vera, condesa de Fuentes, y por muerte sin sucesión de éste pasó el señorío de las villas a su segundo hermano, Don Pedro, décimo señor de ellas por los años de 1602. Y habiendo muerto este último señor sin descendencia, pasaron sus estados en 1614 a su hermana Doña Margarita de Puelles González, un décima señora de Autol, casada con el señor de Villagómez, Consejero de Hacienda, y madre de Don Juan de Villagómez Puelles, de éste, a Doña Casilda Villagómez de Puelles, casada con Don Francisco Guillán del Aguila, Marqués de la Lapilla, y a su hija Doña Baltasara Guillán Fonseca y Puelles, Marquesa de la Lapilla, que murió a mediados del siglo pasado, última señora de la rama de Doña Margarita de Puelles, de quien fue biznieta.

Muerta esta señora hubo grandes y ruidosos pleitos por la herencia y señorío entre los Mota Puelles, los Yanguas Puelles, el Fiscal del Consejo y la descendencia de Doña Ma ría de Puelles González, hermana de los últimos señores de este apellido, casada con Don Carlos de Liédena, del Concejo de Navarra, que había dejado de su primer matrimonio con una Larrastana a Doña Catalina de Liédena, y del de Doña María de Puelles González a Doña María de Liédena Puelles, que casó con su sobrino, hijo de su hermana Doña Catalina de Liédena Larrastana, llamado Don Carlos Velasco de Medrano Liédena Larrastana, Vizconde de Azpa, hijo de la Liédena Larrastana, y del matrimonio de Velaz de Medrano Liédena Larrastana con la Liédena Puelles nació Don Alonso Velaz de Medrano y Liédena Puelles, Vizconde de Azpa, marqués de Fontellas y quinceavo señor de Autol, que casó con Doña María de Riperda Liédena y Puelles, de quien procede el actual Vizconde de Azpa y Marqués de Fontellas, decimosexto señor de Autol y Davalillo. Este señor, Marqués de Fon- tellas, reside en la villa de este nombre junto a Tudela, distante una legua, donde tiene su palacio y una extensión de territorio de media legua cuadrada abundante en pastos, con una población de 200 almas: el marquesado de Fontellas, de los Velaz de Madrano, anteriormente señorío de los Pérez de Meneses.

Y de este modo el señorío de Autol, dado a Pedro Giménez de Arnedo en 1369, ha pasado en el espacio de cinco siglos que se van a cumplir por cuatro familias señoriales, estando en los Giménez de Arnedo poco más de medio siglo y dándole dos señores, en la de los Puelles dos siglos largos, dándole nueve, en los Villagómez Guillán Puelles, marqueses de la Lapilla, descendientes de aquella Doña Margarita, otro siglo y medio dándole cinco, y en los Velaz Medrano Liédena Puelles, descendientes de Doña María, la más pequeña de las hermanas Puelles, otro siglo, hasta la fecha. Mientras tanto, la rama segunda de Diego de Puelles, el asesinado, creció fresca y numerosa, dando robustos vástagos en las tierras de Miranda de Ebro, adonde se fue su progenitor, pupilo del célebre Gómez Manrique, el Adelantado de León y Conde de Treviño, quedando rica en historia y blasones, pero pobre y modesta en bienes de fortuna. Pero antes de ocuparnos de esta numerosa estirpe, descendiente del infortunado Don Diego, hablaremos de un célebre hermano suyo que dejó en nuestra historia nacional una huella gloriosa y que el sabio historiador y cronista Diego de Zúñiga, en sus ‘Anales de Aragón’, califica de uno de los más célebres capitanes de su época y el más leal adalid de los reyes de Aragón y Sicilia, en cuyo servicio estuvo y murió.

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Historia de la Casa de Lara, escrito por Salazar de Mendoza, capítulo 81 y 82. ‘Crónica del reinado de D. Juan II y subsiguientes’. [Nota del autor] Ni el predominio social ni el status jurídico privilegiado de la nobleza como grupo dirigente sufrieron alteraciones sustanciales con motivo de la crisis económica de la Baja Edad Media, consecuencia más o menos directa de la Peste Negra, pero sus bases financieras y su capacidad política se transformaron a lo largo de la misma con resultados muy diferentes para unos y otros nobles. Hubo, en general, un proceso de empobrecimiento de la pequeña nobleza que en ocasiones, como en el caso castellano, fue compensado por el ascenso a los rangos aristocráticos de caballeros de las ciudades, o por la entrada al servicio de la Corona o de personajes de la alta nobleza. No faltaron casos de caballeros-bandidos o de comisión de abusos –son las malfetrías de Castilla- como remedio individual y transitorio contra una ruina casi inevitable. [LADERO QUESADA, op. cit., pg. 753] A las causas de inestabilidad social anteriormente enumeradas habría que añadir los conflictos producidos por el enfrentamiento campo-ciudad, dentro de los cuales creemos deben ubicarse los luctuosos sucesos que aquí se nos narran. [ibid., pp. 791 ss.]  [VOLVER]

Este Diego, según se ha visto, era lactante a la sazón. Difícilmente podía haber hecho ningún juramento, a no ser que lo hiciese con posterioridad a los hechos narrados. [VOLVER]

D. José Velaz de Riperda (o ‘Ripalda’), decimosexto señor de Autol, tuvo un hijo que casó con Da Antonia de Gante, señora de Fontellas y fueron los decimoséptimos señores de Au tol, naciendo de este matrimonio D. José Joaquín Velaz de Riperda y Gante, decimoctavo señor de Autol, nombrado 1er Marqués de Fontellas el 1 de Abril de 1793. [A partir de aquí se lee muy mal ; nota del autor] [VOLVER]

[ATRAS]