CAPITULO 9o: Historia de la rama de Diego de Puelles Ponce de León, pupilo del Conde de Triviño, y establecimiento de su descendencia en los estados de éste y en Miranda de Ebro. Situación de esta familia hasta principios del siglo XVI en Irzio. Principio de la Guerra de las Comunidades.- 

 

 

            Hemos visto anteriormente cómo dejó encomendado el noble Conde de Triviño a su hijo Don Pedro Gómez Manrique, su sucesor en sus ricos estados, la descendencia de Diego López de Puelles, y cumpliendo el hijo religiosamente la voluntad de su padre, no satisfecho con velar y dejar una crecida guarnición de soldados a los tiernos huérfanos puestos a su guarda en las villas de su señorío, se había llevado consigo y a su castillo de Triviño al más pequeño, Don Diego, que apenas contaba cinco años cuando la terrible catástrofe y que a la muerte del viejo Conde, su tutor, rayaba en la adolescencia. Amigo irreparable y paje de su ilustre protector, le siguió a todas partes y fue uno de los que formaron la escolta del Príncipe Fernando de Aragón cuando vino éste de incógnito a ver a su prima y prometida la Infanta Isabel de Castilla, hospedándose en Haro, en los dominios del Conde. En este pueblo y en el de Triviño, cabeza del Condado, creció nuestro huérfano a la sombra y bajo la protección paternal de su tutor, habiendo quedado tan grandemente grabada en su mente la escena de sangre que presenció desde su cuna, que juró no volver más al castillo y villas de sus hermanos ; veía deslizarse el sagrado Ebro apacible por delante de su morada y esto le bastaba como buen riojano para satisfacerle, cuidando sólo de que las corrientes mansas del río llevasen a su país natal, que en su curso había de bañar los recuerdos y ósculos de amor para sus hermanitos. Así se deslizaba su vida placentera, y el Conde Don Pedro, que lo vio tan decidido a no separarse más de su lado, lo casó con una parienta suya llamada Doña María Núñez de Lara, que tenía sus posesiones en las tierras de Miranda.

            Este fue, pues, el tronco de donde se derivan los Puelles castellanos, y ésta la causa por la que se establecieron para siempre en ese país sin volver más a la comarca de Autol. En Miranda de Ebro murió no de mucha edad nuestro progenitor Don Diego de Puelles Ponce de León, dejando, entre otros hijos de que no tenemos noticia, a su primogénito Don Alonso de Puelles Núñez de Lara, que se estableció en los últimos años del siglo XV y después de haber seguido a los Reyes Católicos a la toma de Granada, último baluarte de los árabes en España, no ya bajo el pendón de su pariente el de Triviño, cuya casa se había extinguido en este tiempo, pasando el hermoso condado con sus 44 hijares al dominio del Duque de Nájera, también de la casa de Lara, aunque de rama diferente. Extinguida esta ilustre casa, quedaron sin tutelar sombra que deudos y clientes, y ya en adelante no se cuidó cada cual más que de lo que tenía por sí o sus mayores.

Las costumbres guerreras de los siglos medios habían concluido, y los caballeros de mesnadas y de pendón y caldera no debían acaudillar en adelante sus vasallos sostenidos por sus señores, sino que los pendones de las comunidades o Concejos y Ciudades habían de llenar el ejército, y el hueco que ocupaban antes los escuderos y ballesteros señoriales de los castillos. Tropas de aventureros mercenarios poblaban los reales e iban a formar en adelante los núcleos y cuadros de los famosos Tercios castellanos del Gran Capitán, de Pedro Navarro y de Hernán Cortés.

 Desde esta época, pues, los nobles se apartaron un tanto de la milicia, porque era llegado el tiempo en que era preciso, más que ser de antigua casa, saber obedecer y sujetarse a una nueva y rigurosa disciplina. Así es que convencidos de la revolución y trastorno que se iba obrando, los hidalgos, que tenían lo que se llamaba entonces sus ‘terrones’, se retiraron a ellos, y sólo los muy pobres y segundones se lanzaban por el mundo. En este tiempo, pues, Don Alvaro de Puelles, casado con Doña Sancha Hurtado, natural de Irzio, lugar a media legua de Miranda, se retiró a él y se dedicó al cuidado de sus grandes haciendas, viñas, huertos y labranzas heredados unos de su mujer y otros de su madre, donde educaba y criaba a sus hijos en los últimos años del reinado de Fernando y de la regencia del gran Cardenal Giménez de Cisneros. En estos años entró a reinar el célebre Emperador Carlos V, criado y detenido en los países Bajos y Flandes, herencia de su bisabuelo, el memorable Carlos el Temerario, y principiaron las causas que ocasionaron más tarde la Guerra de las Comunidades. Los briosos castellanos, celosos de sus fueros y libertades, rechazaban con altivez y miraban de reojo la dominación y las exacciones de los favoritos y gobernadores flamencos, que el Emperador de allí los enviaba, y empezó la Liga Santa de los Pueblos que tantos desastres ocasionó al reino y en particular a algunas familias.

Nuestros abuelos, acudiendo a donde les llamaba su honor, tomaron partido por la causa nacional, y al perderse ésta en Villalar y Toledo, supieron los reveses y secuestros que cupieron a los revueltos, salvando por fortuna sus cabezas del hacha que segó las de Padilla, Maldonado, Bravo, Barahona y Acuña. Casi todos los bienes de Irzio y de Miranda quedaron confiscados, y los dos hijos de Don Alonso de Puelles el rico, que tomaron como jóvenes partido en la Santa Guerra, como entonces se llamaba, tuvieron que ocultarse y su pingüe patrimonio desapareció. El mayor, Francisco, corriendo grandes riesgos, quedó a la vista de su anciano padre reducido a la indigencia en un [abrir y] cerrar de ojos, y el segundo, Pedro, después de vagar por extraños países después de muchos años, volvió al fin de peregrino vestido a su casa para poder abrazar a su octogenario padre Don Alonso de Puelles Núñez de Lara, que murió en Irzio en brazos de sus dos hijos, dejándoles por todos bienes su bendición, su antiguo apellido y su honra inmaculada y probada por grandes infortunios.

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No era, por tanto, un ‘lactante’, como se asevera más arriba. [VOLVER]

Nota al pie ilegible. La letra parece distinta de la de Manuel Ma de Puelles. [VOLVER]

La campaña granadina, que se mostró ciertamente dificultosa, comenzó en 1482 y dejó exhaustas las finanzas castellanas. Aunque algunos aspectos de la misma fueron, desde luego, medievales (como, por ejemplo, el orden de batalla), otros fueron innovadores. Isabel se interesó de manera personal por el modo en que se conducía la guerra, y al parecer fue responsable directamente de la mejora en los suministros y del establecimiento de un hospital militar. Por otra parte, el cardenal Cisneros, confesor y consejero de la reina, contribuyó decisivamente en la creación de una milicia activa, llamada ‘gente de ordenanza’ (los cuerpos disciplinados a que se refiere Manuel Ma de Puelles) y por la reorganización de ‘los lansquenetes’ alemanes. A su vez, fomentó la artillería y no descuidó la marina, sobre todo en lo referente a construcción naval. [Britannica CD-Rom] [VOLVER]

El cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) no alcanzó verdadero renombre hasta que fue llamado a su lado por Isabel la Católica, la cual lo nombró arzobispo de Toledo en 1495, puesto desde el cual trató de corregir las desviadas costumbres del clero secular. Tras diversas y destacadas actuaciones políticas, recibió el capelo cardenalicio en 1507 a instancias de Fernando el Católico, siendo asimismo nombrado inquisidor general en esa misma fecha. Desde su primado fue albacea testamentario de la reina Isabel y designado como miembro de la Regencia provisional nombrada a la muerte de Felipe I el Hermoso en 1506. Entonces y desde su cargo político privilegiado, fue uno de los artífices de la vuelta, en 1507, de Fernando el Católico como rey de Castilla. En 1516 Fernando el Católico le nombró en su testamento regente y gobernador hasta la llegada a España de su nieto Carlos de Gante -futuro rey Carlos I y emperador Carlos V. Según la historiografía, éste fue uno de los momentos más brillantes de la vida pública del ilustre, y por entonces octogenario, cardenal. Cisneros, quien aplacó con habilidad algunos conatos de revuelta protagonizados por la nobleza castellana y por el partido flamenco contra el futuro emperador, manteniendo un frágil equilibrio entre los partidarios de Juana la Loca y los que apoyaban a la facción del infante Fernando de Austria. [Encarta ’98 CD-Rom] [VOLVER]

Ultimo Duque de Borgoña (1433-1477). Quiso hacer de esta región un reino independiente, por lo que sostuvo continuas luchas contra el rey de Francia Luis XI y contra otras naciones vecinas. Fue derrotado y muerto en Nancy, y Borgoña fue anexionada por Francia. [Enciclopedia Interactiva Santillana CD-Rom] [VOLVER]

Levantamiento de las ciudades castellanas contra la política de Carlos I en 1520. Las causas inmediatas fueron el reparto de cargos a extranjeros y la aprobación de nuevos impuestos, que dañaban los intereses de la burguesía urbana. La sublevación se inició en Toledo y a ella se unieron Segovia, Madrid, Zamora, Burgos y León, entre otras. El éxito les acompañó en los primeros meses, pero las hábiles medidas políticas que tomó Carlos I desde Alemania y la confusión entre sus propias filas debilitaron su situación. La batalla decisiva tuvo lugar en Villalar (Valladolid) en 1521 y concluyó con victoria real. Al día siguiente fueron decapitados Juan Bravo, Juan de Padilla y Francisco Maldonado, dirigentes de la sublevación. [ibid.] [VOLVER]

[ATRAS]