HISTORIA DE LA FAMILIA DE LOS PUELLES

 

Segunda Parte.

Capítulo 11

 

Año de 1837. Alcaldía de nuestro padre, memorable por todos conceptos. Lo indican para diputado provincial ; retira su candidatura. De la vida pública a la privada.-

 

 

            Al terminarse el año de 1836, notable por la venida y excursión de las facciones, el Partido Liberal, que lo componía el inmenso pueblo de Alcalá, puso la vista desde luego en un joven patriota, Jefe de la Milicia de Caballería desde la retirada de Valcárcel, ardiente liberal y de raras prendas para el mando, como lo mostraba en el manejo de su casa ; y al efecto convocado a son de campana todo el pueblo elector, pues era la primera elección que se había de hacer con arreglo a la Constitución del año 1812, designó por aclamación la Junta nombrada, porque estaba en el pensamiento y alma de todos la elección del joven labrador, que contaba entonces 33 años escasos, pero que era anciano y harto experimentado ya en todas clases de cosas y cuidados ; se hizo una exigencia general y pública. Protestada la elección por una corta y envidiosa bandería realista que aún no quería avenirse a dejar los antiguos abusos, [nuevamente se distinguieron los electores] por la rareza de ser unánimes, volviéndose a hacer de nuevo y más uniforme y compacta, apareciendo en su consecuencia entregado el mando al joven liberal, que asociado a otros 14 compañeros, de su edad algunos y de reconocida probidad todos, entre ellos el Don Juan Perales que salvó a nuestro abuelo la vida y Luis Corbacho ; formaron una pléyade de concejales unidos y compactos para el bien, que nunca llevaron más pensamiento que el bien de la clase pobre, harto desheredada hasta entonces, y las mejoras de la población abandonada a sí misma.

            Y en efecto, no sólo se repartieron e hicieron suertes de braceros, o séase de dos o tres fanegas de cabida, todos los campos de las dehesas concejiles próximas al pueblo, dándoles dos a cada vecino para la alternativa de sus preojuales, sino que se plantearon obras de cabradas y fuentes públicas, que se reconstituyeron las más por estar en punible abandono, suministrando al Gobierno también más de 2.000 duros que éste acogió como donativo para el equipo y organización del Ejército de reserva que formaba Narváez en Jaén y que había casi forzosamente invitado a los pueblos. Pero no era esto sólo lo que apremiaba al pueblo y traía a sus fondos apurados, sino es que, siguiéndose un expediente ejecutivo del Ayuntamiento de Cádiz contra el de Alcalá como patrono aquél del censo del capitán Chinton Fantoni, que pesa sobre éste por un valor anual de una fuerte suma de reales que aquel piadoso varón impuso sobre los fondos comunes de este vecindario a favor de dotes de doncellas pobres, y habiendo porción de decursos, caída que ascendía a más de dos mil duros su importe, se había acordado por la Diputación Provincial para su enjugo la venta de la próxima Dehesa del Pradillo, que toca casi con sus márgenes a la salida de San Antonio y donde estaban situadas las suertes de 50 braceros, por tener en ella hechos sus repartimientos.

            Nuestro padre, que comprendió todo el mal de la trascendencia de esta venta, y que iba a caer en manos de la casa de Varela la preciosa finca y llegar con sus ganados a las casas del pueblo trastornando el bien de aquellos pobres a quien[es] les cupo, se presentó en Cádiz ya en días de la subasta, y pidiendo la palabra en una sesión de la Diputación de Provincia, hizo ver los males que esta enagenación iba a causar y pidió con resolución que se le concediese un arbitrio sobre leñas para salvar la venta de la finca. Autorizado al efecto, mandó señalar limpia y entresaco unos cuantos montes, que subastados al instante dieron sobrado y beneficiosamente una crecida cantidad con que se rescató la Dehesa y dejó de nuevo repuestos los fondos apurados por el coste de las obras y de las obligaciones atrasadas y corrientes, que se pagaban religiosamente y como jamás se ha vuelto a ver. La educación pública recibió impulso y auxilio, suministrando a las escuelas y beaterío útiles y libros para los alumnos pobres, [a] la Milicia Nacional armas y algunos uniformes, y [a] todos los ramos las mejoras de que eran susceptibles ; nada, pues, quedó olvidado, y fue un corto período tan bien aprovechado y tan prolífico de bienes, que se cita aún hoy en día como modelo.

Antes de terminarse se instituyó o dio principio [a] un pleito contra el Duque en reivindicación que debía hacer la villa del suelo de los Aguijones, cuyo arbolado era de ella, y éste de había apropiado aquél, así como los cáno[nes] que percibe de 200 y pico de caballerías grabadas con él, mientras que él, por su parte, no cumplía ninguna de las obligaciones y cargas que aceptó en las célebres transacciones en que funda su derecho. La Compañía de Caballería de la Milicia Nacional se elevó al número de Escuadra, siendo elegido para Jefe o comandante el joven que estaba al frente de todo y que gozaba de tanto prestigio que se despertó la idea de nombrarlo diputado provincial en la nueva elección de esta clase que se preparaba, y estando todo arreglado y casi decidido en unión con Medina, donde los Manises trabajaban la candidatura, habiendo sido estos traviesos hermanos ganados a última hora por Valcárcel, el administrador del Duque, en pugna ya con nuestro padre desde que se promovió el pelito contra su dueño. Viendo éste ya que podían falsearle aquel punto, aunque tenía éste compacto, retiró su candidatura antes que verla derrotada por intrigantes, formando en su justo despecho la idea de retirarse del servicio público y hastiado de andar en tan resbaladizo terreno, sin dejar ni cejar un ápice de sus ideas liberales se retiró por completo a su casa al terminarse el año de su Alcaldía, de donde nunca jamás se proponía salir, ni de su círculo de primer contribuyente, a cuya altura había llegado desde el año anterior.

Así, por un desengaño harto duro y provechoso para un hombre de su delicadeza, se cortó para siempre el vuelo de águila de aquel joven, que hubiera sido un portento en la Diputación Provincial y hasta en la de Cortes si a ella su suerte lo hubiera llevado, dejando luminoso con sus exacciones y singulares hechos, atendido su particular númen y organismo de estadista y genio creador para arrollar dificultades y desembarazar tropiezos, malográndose por este capricho de la suerte grandes cosas y bienes para la población de su cuna, pues era en figura, talla, arranques y honradez un hijo casi idéntico al del Ministro célebre de la época Don Juan Alvarez y Mendizábal. Todo se perdió y trastornó al ponerlo en parangón con una medianía sin tacto ni conocimiento alguno de necesidades de pueblos ni de su régimen ni organización, como lo fue el dependiente del Duque, que sólo pudo lucir en los salones de los padres de provincia la casaca galoneada de plata de Comandante de la Guardia Real, que cubría con su brillante atavío la librea servil de la Casa de Medinaceli, cuyos intereses defendía y trató de pone a cubierto desde el puesto que escaló con intrigas el redomado cortesano, que era en lo que siempre se manifestaba ducho y ágil.-

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Sócrates, citado por Jenofonte, dijo algo que tiene mucho que ver con ésto: “No se es ni siquiera capaz de gobernar la propia casa si no se conocen todas las necesidades y los medios de satisfacerlas ; y puesto que la Ciudad tiene más de diez mil casas, y dado que no es cosa fácil ocuparse a la vez de tantas fami­lias, ¿por qué no has probado de comenzar a hacerlo con una sola, ... Y después de que hu­bieres llegado a buen término con ella, puedes comenzar a meterte con más... Porque si un hombre no es capaz de llevar un talento, ¿cómo podrá emprender el llevar muchos?” Y más adelante continúa: “Cuida, pues, Glaucón, no sea que, deseando la gloria llegues a lo contrario. ¿No ves qué peligroso resulta decir o hacer lo que uno no sabe? Da una mirada entre tus conocidos que se meten a hablar o a hacer sin saber, y considera si, por tal razón, estarán cosechando elogios o reproches, son admirados o criticados. Considera, por el contrarío, a los hombres que saben lo que dicen y lo que hacen ; y verás, creo, que, en todas las circunstancias, se llevan los votos populares precisamente los que saben, mientras que oprobio y desdén corresponden a los ignorantes. Además, puesto que amas la honra y quieres hacerte admirar en tu Ciudad, esfuérzate en llegar a saber lo que te propones hacer, porque si llegaras a desbancar en esto a los demás y a tomar las riendas de la Ciudad, nada me admiraría de que obtuvieras fácilmente lo que desearas”. [JENOFONTE, 1986, Recuerdos de Sócrates, Barcelona, Edicomunicación, pp. 111-12] [VOLVER]

La Constitución de Cádiz (1812) instituía el sufragio universal a cuatro niveles: parroquial, provincial, regional y estatal, sin ningún requisito censitario de riqueza o capacidad (cosa que sí establecerían, como se sabe, posteriores textos constitucionales). El Estado dejaba de ser feudal y corporativo para hacerse na-cional e individualista. Si por un lado las Constitución pretendía restablecer la monarquía templada y las antiguas Cortes, la obra constituyente revolucionaria, abstracta y apriorista ponía las bases del moderno liberalismo, con una nítida separación de poderes y una reforma constitucional muy rígida. Se consolidaba el derecho de propiedad y la igualdad ante la ley. Se buscaba la centralización, pero se respetaba el espíritu de las Juntas de la Guerra de la Independencia ; aunque las provincias y municipios se viesen regidos por jefes superiores o jefes políticos, las Milicias Nacionales eran independientes del rey. [Nueva Enciclopedia Larousse, op.cit., pg. 2.252] [VOLVER]

Las constituyentes de Cádiz querían hacer ante todo una reforma social. Entre los Decretos más importantes está el de 1811, promulgado, como se ve, antes de que lo fuese la propia Constitución ; instituye la abolición de los señoríos, afirmando la igualdad ante la ley de todas las personas. Fue la primera operación seria encaminada a desmontar el Antiguo Régimen. También quedaba abolida la palabra ‘vasallo’, suprimiéndose todos los privilegios al estar todos los ciudadanos obligados a rendir al Estado una serie de servicios y a pagar los impuestos en función de su capacidad económica. Cualquier atisbo de Reforma Agraria, por otra parte –todo hay que decirlo- brilló por su ausencia. [VOLVER]

De acuerdo con sus principios liberales, la Constitución gaditana, en sus Artículos 366 a 370, incluía declaraciones programáticos o de compromiso, tales como el establecimiento de escuelas de primeras letras “en todos los pueblos de la monarquía” para la enseñanza de la lectura, escritura y cálculo, así como del “catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles”, o la creación del “número competente de universidades” y “otros establecimientos de instrucción”, junto a otras de índole organizativa, tales como la uniformidad (formación de un plan general de enseñanza) y la centralización (atribución a las Cortes de la competencia máxima en materia educativa y creación de una Dirección General de Estudios). En 1836 todas esas buenas intenciones se plasmaron en el Plan Pidal, que reformando en algunos puntos el Reglamento de 1821, abarcaba todo el sistema educativo y nunca llegó a ser aplicado en su totalidad ; propugnaba más o menos lo siguiente: (a) Abandono del ‘principio de gratuidad’ ; (b) División de la Enseñanza Primaria en dos niveles: elemental y superior ; creación de escuelas normales para la formación de maestros ; (c) Ordenación de la Enseñanza Secundaria en dos niveles (elemental y superior) a cargo de Institutos de diferente categoría ; (d) Institución de la Tercera Enseñanza, que comprendía Facultades, Escuelas Especiales y Estudios de Erudición ; (e) Disposiciones comunes a la Segunda y Tercera Enseñanzas referentes a la carrera docente, métodos, libros de texto, grados y organización académica ; (f) Administración educativa según un criterio de reparto territorial en cascada ; (g) Proclamación expresa del principio de ‘libertad de enseñanza’, aunque fijando unos requisitos mínimos de titulación para el nivel Secundario. [VIÑAO, A., 1994, “Política educativa”, en Historia de la Educación en España y América, op. cit., III, pp. 41 ss.] [VOLVER]

El padre del autor, claro. [VOLVER].

[ATRAS]