HISTORIA DE LA FAMILIA DE LOS PUELLES
Segunda Parte.
Capítulo 12
|
Período de tres años que se siguen hasta el
Pronunciamiento del año 40. Conclusión de la guerra.
Muerte
de la tía Juana. Nacimiento
de los últimos hijos. Casamiento de nuestra hermana mayor y varios
sucesos y avatares de la labor.-
Debilitado y sin ilusiones hemos dicho que quedó aquel brío
varonil de nuestro padre al tocar el vacío de la ingratitud y la amargura
de los desengaños al terminarse su Alcaldía, y aunque tranquilo con su
conciencia y [con] su honra inmaculada, ofreció no separarse más en delante de
la crianza de sus hijos y los cuidados que sus propias cosas requerían
para no volverse a ver abrumado con ajenos cuidados y tocar después
desencantos y disgustos que casi siempre le acompañan. Había quedado en
el pueblo entre la hez y [el]
canallaje un partido ambicioso y medio socialista
que, no queriendo avenirse con las garantías y lugar que la Constitución
de pronto le había dado, quería aún llevar más adelante sus quiméricos
ensueños e irrealizables utopías ; este turba de ignorantes ambiciosos,
capitaneados por un revoltoso sargento, licenciado y casado en ésta con
una linda labradora, llamado Don Manuel Luna, hombre avieso que había
servido al despotismo y a todos los poderes y dispuesto a todo por
figurar, no siendo más que una triste medianía, como lo veremos en su
caso, y el que ayudado de un revoltoso zapatero de perversa intención
llamado Juan Redondo se habían propuesto desde la más baja y nauseabunda
hez flotar con sus adeptos sobre el río revuelto de la política y
entronizar con los suyos el mando para dominar el pueblo.
Habiendo ingresado en la Milicia Nacional so capa de un mentido
patriotismo, habían revuelto y quebrantado la disciplina de esta pacífica
institución, llegando al caso de rebelarse contra su capitán, el digno
caballero Manzano, que ciego de furor echó mano a la espada contra el
chavacano y marmullero sargento, que fue sentenciado por consejo de
disciplina apoyado por el Alcalde a ser lanzado de las filas, donde jamás
debió haber entrado el que se avino a sus fines, [y]
a una plaza de calabozo en la cárcel, que murió desempeñándolo.
Lanzado del benemérito cuerpo, [éste] fue el foco en delante de conspiración permanente de
ambiciosos y disgustados, dándose la mano, como sucede siempre, en los
partidos extremos con la facción realista desechada del mando y que veía
en él un instrumento de sus miras y de traer en jaque al vecindario.
Infatuado de verse hecho pendón de un corto, aunque despreciable, bando,
llegó a faltarle un día al respeto a nuestro padre, que tenía, sin
necesidad de ser Alcalde, humos muy altos y no se avenía a estas cosas,
el que mandó lo llevasen atrincado a la cárcel para formarlo la oportuna
causa.
Juró
el vengativo sargento tomar una ruidosa venganza y guardó dentro de su
mezquino pecho su calor, dándose o haciéndose el el mortecino todo el año
que se siguió a la Alcaldía de nuestro padre, que fue reemplazado por el
honrado Ulloa. Aprobó el Ayuntamiento de aquél al de nuestro padre sus
voluminosas y variadas cuentas, dándole de todo oportuna y laudatoria
terminación, que fue confirmada, como entonces se usaba, por la
Diputacion Provincial, y descuidado y seguro de todo nuestro padre por él
y por sus compañeros, desviándose por completo de la candente lucha de
los partidos alto y bajo que al fin de la Alcaldía de Ulloa, en 1838, se
empezó a formar con los hombres sensatos y arraigados de un lado y las
masas deslumbradas por Luna y Redondo por otro, los que le ofrecían el Jauja
del comunismo. Amena[za]do
de cerca y viéndose hecho blanco del tiro de aquellos dos hombres a
quien[es] jamás había dañado,
fuele preciso apoyar con su influjo y con sus sirvientes el
partido del justo medio y de la razón a que era preciso someterse,
pues hasta el supremo Gobierno giraba en este período de hombres
moderados a la caída de Mendizábal a resultas de las manifestaciones del
Ejército en Pozuelo de Aravaca, donde éste, reducido y minado por el moderatismo,
se negó a marchar sobre la facción, todo esto en connivencia con la
Regenta, declarada partidaria de esta bandera, la que en aquel
acontecimiento preparado por ella misma se apresuró a aceptar las
dimisiones del Ministerio progresista. En este mismo tiempo estaba la
guerra en todo su período álgido, pues además de las provincias del
Norte y Centro incluía [a]
Cataluña, y las facciones pululaban por La
Mancha.
Pero
volviendo a Alcalá, donde nuestro padre seguía en sus tareas disgustado
también por el mal año que fue de cosechas el 1838 y por la falta de
contraste y promesa que le habían dado del Cortijo de las Covadillas
objeto de sus ensueños, que Varela había renovado aceptando la puja y
suscribiendo el arrendamiento por indeterminado número de años, quedando
de este modo frustrada una esperanza que ilusionó toda su vida. Por este
mismo tiempo nos aquejó también el gran disgusto de la pérdida de
nuestra querida tía Doña Juana Ramona de Salas, que en vísperas de
casarse con su antiguo pro-metido Don Vicente Valcárcel, el administrador
del Duque, coronel y diputado provincial, había enfermado de tisis, siéndonos
arrebatada en flor a los 27 años de su edad, empleados todos en el bien
de sus semejantes y en amarnos a nosotros, sus sobrinos y hermana
Francisca, de cuya casa no salía, teniendo particular preferencia conmigo,
a quien llamaba su sobrino predilecto. Así y tan fugaz se desapareció
aquella joven que arrulló y meció nuestras camas y cuyos ecos y gritos
suenan en nuestro oído, pues pasaba las tres cuartas partes de su tiempo
al lado de su inseparable hermana, llamando Mamá Clara a la que nosotros
llamábamos así. Este lúgubre suceso nubló nuestros corazones, que aún
la recuerdan enternecidos. Vino a reemplazar la gran pedida y a mitigarla
algún tanto el nacimiento de una niña a los 20 días de la pérdida de
la tía, y a quien se le puso en su memoria Juana Ramona, que vino a
formar el noveno hijo de nuestra ya crecida familia. Concluidas aquellas
vacaciones regresé a Sevilla, marchando otros tres niños, Antonio, José
María y Joaquín, a un Colegio de Humanidades establecido en Ronda, pues
el único afán de nuestros padres era el de darles unas carreras
brillantes y útiles. Cuatro hijos estaban ya en comienzo de tomarlas, y
todos [los] demás varones habían
de inaugurarlas también, pues era un empeño y su ahinco todo, sin
reparar en sacrificios que se iban a ocasionar.
En
tanto se aprestaba a batallar el partido de Luna, que entró en combate
con un haz de pueblo y masa ignorante seducido con sus promesas contra la
parte cuerda, sien-do tan dudoso el resultado y tan encarnizada la lucha
que se anularon por tres veces las elecciones, sosteniéndose batallas en
las naves de la Parroquia, cuyos dos lados ocupaban los partidos, pues sólo
en este sitio podía evitarse el que vinieran a las manos ; por último
triunfó el bando ignorante por corto número de votos y fue entronizado
casi a mediados del año el partido del sargento, siendo éste elevado a
Alcalde y su discípulo, o mejor dicho, maestro o remendón, el anarquista
síndico, los que no pudiendo ni allanar propiedades ni ampliar los
repartimientos, que estaban ya hechos, se entretuvieron en despojar de
terrenos a unos para dárselos a otros y en hacer ellos mismos la guerra
divididos por un travieso Secretario llamado Sánchez Prado, mientras que
el zapatero, que mandó su banquilla y [sus] hormas apolilladas una noche de San Juan, se puso al frente de
otros, concluyendo todos por encontrarse unos a otros y andar a las manos
en el mismo Salón de las Sesiones, alzándose algunos con fondos y
documentos de gran interés, pues hasta el Libro de Actas de aquel año
desapareció.
No
desperdició el sargento el corto tiempo que estuvo en paz con su gente
para arrostrar sus iras engreídas contra el hombre a quien odiaba, y
constituyéndose él sólo en juez y fiscal, quiso residenciar y abrirle
de nuevo las cuentas del célebre Ayuntamiento del 37, llegando su
avilantez hasta el extremo de que porque nuestro padre no quiso
presentarse a su autoridad y a sus repetidas [e]
insultantes órdenes, trató de reducirlo a prisión teniendo nuestro jefe
que eludir la persecución y ponerse al abrigo del juez de Medina, de
quien trajo un salvoconducto para librarse de sus tiros en adelante. Después
de esto el célebre sargento transigió y entregó la causa del pueblo en
el pleito que éste había incoado y en vísperas de ganar en Sevilla,
retirándose al postre su casa escupido a la cara por todos sus parciales,
y su corta dominación terminó como la comedia de Ubrique y como suele
terminar siempre esos fatales períodos en que la hez demagógica se
sobrepone por un acaso a la razón, a la mayoría. En este tiempo la
guerra civil estaba agonizando por el célebre Convenio
de Vergara, que había hecho abrazarse en el memorable campo de esta
villa [a] los dos ejércitos contrarios, hartos de carnicería tras cinco años
de rudos combates ; la causa del alzamiento de las Provincias Vascas se
había disipado, pues los fueros les fueron reconocidos. El pretendiente,
seguido de una corta fuerza, se había fugado desde Estella a Bourges en
Francia, donde el Gobierno de Luis Felipe se había situado. Sólo en Aragón
Cabrera, y en Cataluña algunos otros jefes sucesores del Conde de España
sostenían el negro pendón. La[s]
plaza[s] de Morella y Cantavieja
y otra docena de fuertes eran los únicos que habían de oponer una
resistencia desesperada y digna de mayor causa.
En
tanto nuestros niños en sus colegios y Universidad y sus padres en el
centro de su casa pasaban bonancibles y tranquilos días esperando siempre
ver compensados sus esfuerzos y afanes, que tenían por objeto y noble fin
el de hacer de ellos un plantel de hombres entendidos y útiles a sí
propios y a su familia. Antes de terminar este año de 1839 habíase
casado a mediados del mes de Octubre y al cumplir los 14 años nuestra
hermana mayor Aurora, que a un rostro hermoso y gentil cuerpo reunía un
alma aún más bella y digna de su belleza, nutrida y educada en la
escuela de virtudes de su madre y abuela, de quien[es]
nunca se había separado más que unos cortos meses que en su niñez había
pasado al lado de sus tías en Cádiz, las herederas de tía Leonor. Ya
hemos dicho que era de alta talla y ademán aseñorado, descollando entre
todas las jóvenes de su edad por su bizarría, así como por su modestia,
y los que el Beaterío donde se educara le había suministrado. Heredera
de la gentileza de aquellas célebres señoras que en Ampudia de habían
señalado de nuestra familia, iba a ser capaz, como buena esposa, de
dejarse asesinar y arrastrar a un precipicio como nuestro ilustre y
desgraciado progenitora Doña Beatriz Ponce de León, señora de Autol y
Davalillo, siguiendo la suerte de su esposo. Al enlazarse con el joven
Delgado de Mendoza, de una familia noble y antigua de Medina establecida
en Alcalá le hizo comprender nuestro padre a su yerno que sin dejar de
llevar su apellido, tan noble y antiguo como el que más, por su
constancia y esfuerzo se hallaba en aquella cómoda situación y en pasaje
de enlazar bien a sus hijos, por lo que debía comprender que en adelante,
lejos de mirar con disgusto el verlo laborioso y emprendedor, se complacería
en sus adelantos y auxiliado sus consejos y ejemplo daba cima a arduas
empresas ; entonces le contó con gran donaire y gracejo sus pasaje de una
vida muy alusiva al caso y que retrataba al vivo el carácter y [la]
nobleza de sus sentimientos y dijo:
“Tenía
yo el año de 31 una laborcita pequeña en las Itieras, que estaban, como
es sabido, a espaldas y en la dirección del Cortijo del Alamo, de tu
familia, y teniendo yo que venirme al pueblo, pues era un sábado en que
la gente se había venido y no había quedado en éste más que el
aperador y yo ; y teniendo en la era un montón de trigo de consideración,
llevado de mi natural genio y contando con una hermosa luna, llenamos
nuestras jergas y costales, reunimos unas burritas que tenía, y dejando
al cargo del temporil la era, me encaminé yo con mis bestias y mi
caballo, al que coloqué una albarda, cargados todos de trigo para Alcalá.
Había anochecido, y una clara luna llena había venido a reemplazar la
falta del día, pareciendo la noche en lo luminosa un día nublado, venía
yo tras mis bestias cargadas paso entre paso, cuando al llegar con ellas
cerca del Palmar de Notares a un lleno del monte, sentí a mi espalda un
gran tropel de caballos y mulos con gran zambra de un holgadero, y éralo
en efecto tal, pues tu Mamá, hermanos, tu cuñado y [el] entonces
Corregidor Martínez, rodeados de montaraces y sirvientes de la casa, venían
en confuso tropel y algazara hacia donde yo iba con su festiva cabalgata,
que en redoblado paso se adelantaba. Francamente,
con la claridad y mi cuerpo tan marcado me iban a conocer andando a pie
tras mis burros en pelo, y tal vez a burlarse por lo pronto del
asendescado caballero, que de este modo caminaba, y sobrino que era de un
célebre capitán por quien tu madre, como nos lo ha dicho por su propia
boca, medio perdío la chabola mi tío Don Joaquín de Puelles. No me dejó
de dar un poquito de bochorno ; ¿y qué hice? Enderezando las cargas,
arreé las bestias, y echándome a un lado del camino y tapándome tras de
un matón mientras que pasó la comitiva, me estuve adobiado hasta que dejé
de oír el tropel, que dejó sin apercibirlo atrás a mis burras, a quien[es]
volví yo a arrear cuando pasó la
nube. Yo me libré de mi propio escozorcillo, y aquellas cosas y otras
parecidas nos han traído al pasaje de que pueda uno estar en adelante al
nivel de su clase. Si yo hubiera sido un niño haragán como hay muchos,
no tendría si acaso más que las cuatro casitas de mi madre, pues sabido
es que mi padre no me dejó más que su antiguo apellido”.
Así
y con otros apólogos y anécdotas instructivas recreaba y enseñaba mi
padre al auditorio, que admiraba no sólo su bella frase como profundo
talento. Tras el casamiento de Aurora, que quedó viviendo dentro de la
misma casa, pasé yo aquel año a cursar a Granada, abrazando en mi viaje
a los otros niños en Grazalema, cuyo Colegio se había trasladado desde
Ronda a este punto, instalándose en un basto convento de esta industriosa
población, llegando yo a la morisca ciudad cercada de eternos vergeles y
que domina una extensa vega una tarde de Todos [los]
Santos, donde hube de pasar todo aquel curso siguiente, produciéndole
esto a nuestro padre dobles gastos. Sin saber nuestra labor dentro del área
de nuestras tierras iba redoblando sus ganados, que pastaban entre éstas
y las dehesas que iba tomando cada año. No he mencionado hasta ahora un
negocio que explotó nuestro padre en este mismo tiempo y que le dio
grandes resultados. Hablo de la instalación de unos billares que él
mismo dispuso y encomendó a sus mozos, siendo con tal acierto y fortuna,
porque hacía muchos años que había quitado el viejo Génova Chasaro los
suyos, y que le produjo al poner hasta tres mesas en la casa que heredamos
de la monja casi frente a la nuestra, un río de plata con el que se
sostenían las carreras de los niños, desquitándose los valores de casa
y mesa antes de los dos años de su instalación. Tal estrella y numen
guiaba y conducía a nuestro progenitor con tal seguridad a la fortuna
como la de los Magos al Portal.- _____________________________________
En España las primeras formulaciones de socialismo
utópico,
influidas
por pensadores europeos de ideas semejantes (fouríeristas, cabetistas, saint-simonianos) coincidieron con un clima de
efervescencia en el que se mezclaban muy variadas circunstancias: el
apogeo de la guerra
civil
carlista, el proceso de consolidación del sistema
liberal
con
desamortización incluida, los primeros pasos de maquinización intensiva
en la industria textil catalana, etc. [ABELLAN, José Luis, 1984, Historia
crítica del pensamiento español, (IV),
Madrid, Espasa-Calpe, pp. 604 ss.] Todos los socialistas utópicos españoles, por otro lado,
compartían una serie de características que no eran necesariamente las
que describe nuestro autor: (a) Una evidente dependencia teórica
de los primeros socialistas franceses, lo que les conducía a una
enorme falta de originalidad en sus planteamientos. (b) Una lucidez muy
marcada, que les llevó a adaptar al caso español las reflexiones teóricas
ajenas con aguda conciencia
crítica
del hondo proceso de transformación que estaban viviendo y de la
conflictividad inherente al mismo. (c) Esta misma conciencia
crítica
les llevó a matizar la dimensión utópica de sus propuestas, llevándoles
hacia el reformismo social más que hacia la revolución. [ELORZA, Antonio, 1970, “Introducción”,
en VARIOS, Socialismo utópico
español,
Madrid, Alianza, pp. 7 ss.] En el período que estamos tratando, el saint-simonismo
tuvo un núcleo importante de difusión en Barcelona gracias a los
escritos de Fontcuberta y de Raüll ; al mismo tiempo, Ribot y Fontsere
difundió las ideas de Lamennais. El fourierismo, por su parte, tuvo un
fuerte núcleo inicial en Cádiz alrededor de Abreu y Orta, Alonso, Huarte
y Sagrario de Beloy. El primero de ellos impulsó, además, la formación
de otro importante grupo fourierista en Madrid. [Nueva Enciclopedia Larousse, op. cit., pg. 9.228]
Se
conoce por Jauja un país imaginario donde se supone reina la felicidad,
la prosperidad y la abundancia. La leyenda acerca de este mítico
territorio procede de la interpretación popular de las primeras
relaciones de Pizarro (Datadas en un lugar llamado Xauxa,
conquistado en 1533), que identificó el nombre de esta ciudad con toda la
supuesta riqueza del Perú. En el Imperio Inca serían otras tantas
‘jaujas’ los lugares donde se repartía entre el pueblo el sobrante
del impuesto asignado al soberano una vez satisfechos los gastos de los ejércitos
en guerra y de los incapacitados para el trabajo. Fue en Francia (pays
de cocagne) y en Italia (paese
di cuccagna) donde apareció por primera vez la leyenda acerca de una
jauja rebosante de leche, vino y miel, y de árboles de cuyas ramas pendían
lechones asados. [ibid., pg.
5.414]
No
se trataba todavía del comunismo prometido por el marxismo,
ya que éste, como es sabido, no se daría a conocer en Europa hasta 1848,
fecha de publicación del Manifiesto Comunista, obra de Karl Marx y
Freidrich Engels. Eran simplemente manifestaciones de ‘socialismo utópico’.
El
bien (o la felicidad, definida como ‘actividad de acuerdo con la razón’,),
según Aristóteles, consiste en una mezcla lo más equilibrada posible de virtudes ‘dianoéticas’ (intelectuales) y ’eticas’
(morales) y se podría resumir en el concepto de perfeccion
en el obrar, cuyas características serían el hábito de elección y
el ‘justo medio’, que daría lugar a los conceptos de justicia y de amistad. La Constitución de 1837, propuesta por el Ministro Calatrava, era un texto basado en el consenso, ya que incluía las propuestas tanto de los progresistas como de los moderados, quienes posteriormente la retocarían según sus intereses, dando lugar a la Constitución de 1848. Se continuaba con el bicameralismo y se aceptaba a Isabel II como futura monarca legítima y a la Casa de Borbón como dinastía reinante Una vez proclamada la Constitución, se otorgó una amplia amnistía que permitió la vuelta de los emigrados, y su regreso contribuyó a reforzar la oposición, que era apoyada desde la clandestinidad por las sociedades secretas, El Gobierno de Calatrava (no el de Mendizábal, como afirma el texto ; éste Ministro había dimitido un año antes) cayó a causa de la rebelión de oficiales de Pozuelo de Alarcón (no de Aravaca como dice el texto) que aquí se menciona. A patir de este momento se sucedieron, efectivamente, una serie de Gobiernos moderados de importancia relativa, coincidiendo con la decadencia de la Regencia de María Cristina, Una ulterior convocatoria de Cortes (1848) trajo consigo la salida de los moderados, que habían accedido al poder a consecuencia del hastío popular ante la continua tensión política. [VOLVER]
Tras el fracaso de Gómez en su famosa ‘expedición’ se
planeó la llamada expedición real,
que pretendía reavivar la moral de los combatientes, obtener, quizás,
apoyo efectivo por parte de Austria y Prusia e intentar alcanzar un pacto
con la Regente. La expedición salió de Estella el 15 de Mayo de 1837 y
consiguió llegar hasta las afueras de Madrid, aunque no está claro si
hubo o no contactos con la Regente ; sí se sabe, en cambio, que los
carlistas no llegaron a atacar Madrid y que la presión de Espartero les
hizo retirarse sin ofrecer combate, regresando a Navarra en Octubre. Fue
precisamente este fracaso el que convenció tanto a liberales como a
carlistas de que no existía una solución militar a corto plazo ; además,
el carlismo había perdido gran parte de su credibilidad a nivel
internacional. Algunos sectores del mismo comenzaron a plantearse la
posibilidad de pactar la paz, sobre todo a partir de la llegada de Rafael
Maroto desde Francia en Junio de 1838 para asumir el mando militar.
Maroto centró las discusiones de paz en dos elementos
centrales: los fueros y las compensaciones a los combatientes. En
Febrero-Marzo de 1839 se planteó como posible solución el enlace del
heredero del pretendiente con Da Isabel, futura Isabel
II ; a tal fin sondeó la opinión al respecto de Francia e Inglaterra.
Esta última pidió la renuncia de Don Carlos y que se aceptase el
Estatuto Real. El 31 de Agosto del mismo año los marotistas, representándose
a sí mismos, firmaron el Convenio
de Vergara concluyendo de esta forma la guerra en el Norte. El
Convenio no creó en realidad las bases de una paz duradera, ya que
simplemente se limitó a ofrecer una vaga promesa con respecto a los
fueros para tranquilizar a la población vasco-navarra y asegurar el
reconocimiento de los grados militares del ejército de Maroto ; sus
condiciones no lograron, por tanto, satisfacer a muchos carlistas, 6.000
de los cuales pasaron a Francia sin suscribir el acuerdo.. Antes de la
firma de este Tratado hubo otros intentos de encontrar una solución pacífica,
los cuales se vieron abortados, tanto por la actitud de Don Carlos y los
‘apostólicos’ de un lado como de Espartero por otro.
[VOLVER]
Don Carlos cruzó la frontera el 14 de Septiembre de 1839,
aunque, como comenta el texto, todavía el frente del Maestrazgo estaba
activo, pero el ejército isabelino, libre de las cargas que representaba
la guerra en el Norte, reconcentró sus fuerzas y ocupó Morella el 30 de
Mayo de 1840, retirándose Cabrera hacia el Norte, cruzando los Pirineos
el 4 de Julio de ese mismo año. |