HISTORIA DE LA FAMILIA DE LOS PUELLES

 

Segunda Parte.

Capítulo 13

 

Año de 1840, en que se termina la guerra de Aragón ; se señala en el sitio de Morella un pariente nuestro. Pronunciamiento de Septiembre. Compra de los donadíos y traspaso de la labor de Villanueva. Situación de todo hasta el año de 1843. Pronunciamiento de este año, y mi viaje a Madrid, donde conocí a la familia del tío Felipe.-

 

 

            Al empezar el año 1840 debemos ocuparnos de la feliz terminación de la Guerra Civil de los 7 Años, que en éste mismo finó, no tan sólo por lo que se merece la importancia del suceso como por haberse aparecido dentro del recinto de la terrible Morella un Coronel del arma de Artillería que se señaló en el mando de esta fuerza, oficial facultativo de relevante mérito y de una fidelidad ejemplar a esta desgraciada causa que entonces tantos abandonaron, siguiendo a su jefe a la emigración, de los pocos que lograron evadirse cuando se apostillaron los muros y abrieron las brechas de la desesperada y pertinaz plaza, llamado Don Gregorio de Puelles, sin que podamos aún todavía tener averiguado si era de las ramas que se esparcieron por el territorio de Valladolid, hermanas de nuestro tatarabuelo, o del tronío frondoso de los de Labastida, retoño brioso de donde han provenido todas. Sea de donde quiera que fuese este mismo brillante oficial, lo vemos más adelante aparecer de nuevo con un alto empleo que le condujo a ser víctima de su causa en el servicio del príncipe a quien se adhirió.

            Tomada Morella y Cantavieja con los demás fuertes del Maestrazgo, se retiró Cabrera hacia Cataluña, donde le quedaban aún algunas plazas y batallones, mas dispersos éstos y tomadas aquellas por 100.000 hombres, aguerridos soldados que mandaba Espartero, hecho ya en este tiempo Duque de la Victoria y de Morella y Generalísimo, terminó la campaña pasando el denodado caudillo a Barcelona, donde se hallaba la Real Familia y la artera Regenta, que contaba con un general niño mimado de la fortuna para destituir la libertad o amenguarla, ya que no se necesitaba de los esfuerzos de la nación para que quedara afianzado el trono de su hija. Era una idea digna de una Borbona de pura raza y de la familia de Nápoles, que también habían ensayado estos cambios ; mas Espartero rechazó la tiranía pérfida y previno a su Ejército y a la noble nación del lazo que se le tendía, jurándole con este motivo odio eterno la Regenta.

Rotas las hostilidades entre la Corte y la nación, no era dudosa la victoria, atendido al lado que favorecía el liberal Ejército y su entusiasta caudillo, pero faltaba un motivo para el rompimiento, y éste vino al cabo. Al tratarse de plantear una nueva Ley de Ayuntamientos barrenando y destruyendo la popular doceañista, el pueblo, la Milicia Nacional y el Municipio de Madrid se alzaron proclamando los sagrados principios que se querían cercenar tras los peligros y sacrificios cruentos hechos por la nación. Todas las demás capitales de España la imitaron, y la Regente, en su despecho, renunciando a su cargo se embarcó en Valencia, arribando a Marsella y apostrofando de ingratos y des leales a los que debían llamárselo a ella. La Regencia provisional que la sustituyó, [estaba] compuesta del mismo Ministerio que heredó el poder, convocó nuevas Cortes donde estuviesen en toda su plenitud representados todos los partidos, y que al reunirse habrían de elegir al caudillo victorioso y modesto Regente, al popular Espartero, y tutor y guardador de las regias huérfanas al sublime orador y puro patriota Don Agustín Argüelles, llamado ya en esta época el ‘patriarca de la libertad’, pues fueron los ecos de su majestuosa elocuencia los que se oyeron primero resonar en la tribuna de San Felipe de Cádiz y responder a los de los cañones franceses de Puerto Real.

En nuestro Alcalá fue acogido este pronunciamiento con entusiasmo, entrando de nuevo el partido sensato liberal y tomando las riendas de la municipalidad el verdadero y genuino que la había representado, tomando ensanche todo lo que eran inmunidades para el ciudadano. Nuestro padre, que simpatizaba con todo lo que era grande y digno, y así comprendía [a] todos los movimientos nacionales, aferrado a su sistema no quiso tomar parte tampoco en la nueva era que se inauguraba, aunque sin dejar de armonizar con su alma entusiasta y juvenil, y cuando se veía excitado por algunos, contestaba a los que le hablaban sobre el particular: “Aró quien aró ; ya en adelante no estoy bueno más que para gruñir”. Esto lo decía a los 36 años de su edad, cuando muchos principian a figurar y a ambicionar. Pero aquella naturaleza había sido muy precoz y se resentía de cansada y envejecida en la primavera de sus más bellos días. Concluyó el año 1840 y empezó el siguiente con [la] compra que principió a hacer tanto éste como nuestro abuelo Salas de fincas de [des]amortización, que hasta aquella época no se habían empezado las ventas y operaciones ; casas y tierras se compraban por los dos, pues los demás de la población o no querían o no se atrevían, creyendo aventurar en su resultado.

Pero otro proyecto mayor maduraba éste en su cerebro: quería recogerse en ganadería, que no le cabía ya en su terreno, y comprar los dos cortijos que labraba y que habían pasado al dominio de su verdadera dueña, la viuda de Arriaga, señora acaudalada de Sevilla, cuyo marido los había comprado al viejo marqués el año de 1822, y al caer aquel Gobierno, el régimen que le sucedió, que quiso deshacer el curso del tiempo, en una de sus bárbaras e inquisitoriales disposiciones trató de derribar todo lo construido, y aprovechándose de esta monstruosidad el nuevo Marqués se incautó otra vez de los bienes y hasta de las rentas que había cobrado Arriaga, quedándose de esta forma con tierras y valores. Así estuvieron estas posesiones hasta que su viuda, al restablecerse la Ley de Desvinculación, reclamó sus cortijos, entrando en posesión de ellos, apresurándose a ofrecerlos en venta al colono actual. Fue una suerte que le proporcionaba su estrella a nuestro padre el que se le deparase esta ocasión de hacerse con 18 caballerías de tierra cercadas, que hacían más de 200 años que habían salido del dominio de sus vecinos. Llevado de esta gran idea se apareció en Sevilla antes de finalizarse aquel año de 1841, y sorprendiendo a sus dos hijos Manuel y Antonio, que estaban en ella estudiando, les dijo: “Vengo a compraros dos cortijos que eran de Campo Real, y vengo a comprarlos sin dinero”. Y en efecto, sin él los compró y se trajo para acá el poder para venderse por un vecino del pueblo a quien la señora apoderó, pues la bondadosa viuda, prendada del despejo y honradez de su colono, le recogió pagarés por valor de 10.000 duros, en que precisamente los compró, pagaderos en cuatro años y con el módico interés de un 6% mientras no se realizaran los pagos.

Pero no paró en esto solo su gran paso, sino que ocultando su secreto, que traía en una maleta, haciendo una marcha de 17 leguas conmigo y un mozo que nos acompañaba llegamos a Alcalá el día 20 de Diciembre a las 11 de la noche, y sorprendiendo agradablemente a la familia con la novedad de saber estaba asegurado en adelante el bienestar y porvenir de sus hijos con la compra de las tierras, y teniendo que pagarse por los derechos de 2% al Estado más de 10.000 reales, cuyo derecho subastaba el Ayuntamiento en aquella época de un año para otro, era preciso tomarlo en el año entrante por los dos o tresmil reales en que se subastaba, y de este modo quedaba una ganancia líquida visible en esta sola negociación de más de 10.000 reales, habiendo de realizar en el entretanto un pago de 2.000 duros de entrada. Para todo esto se necesitaba un genio y [una] organización especial que no ha tenido ni tendrá ninguno de nosotros, pues los inconvenientes y dificultades para él eran un incentivo poderoso que lo enardecía aún más para arrostrarlos, pero todo esto cegaba las fuentes de su organismo y vitalidad y relajaba y reblandecía las fibras de su cerebro, a punto de estallar o trastornarse. En fin, tales trazas se dio, tantos sacrificios se impuso, que en los primeros días del año tenía asegurada su compra y hecho el pago de su primer plazo y [de] su derecho del 2% que él mismo se dató al quedarse con la renta, vendiendo hasta el último grano de trigo existente y quedando todo el gasto y el tráfago sobre las ventas aventuradas de hierbas y de ganados.

En todo este año de 1842 que siguió continuó comprando y haciendo los pagos de las fincas de [des]amortización, entre ellas algunas casas, no pudiendo todavía hacerse con las liazas que rodeaban sus dos nuevos cortijos, por estar detenidos estos expedientes por interés del mismo colono, y para apremiarla ideó al finar aquel año otro proyecto grande y que asombra en medio de sus ahogos, pues las cosechas venían escasas. Había una labor lindera a la suya en el Prado de Don Fernando Villanueva, que abarcando todas las liazas de [des]amortización que a ella tocan subía a cerca de cinco caballerías, las que le rodeaban y no lo dejaban bien extenderse. Detenidas de venderse por lo que ya hemos indicado, eran un verdadero tropiezo que no se podía rebasar por ningún lado, estando las tierras de Mocaylén circundadas en su mayor parte y la Caballería del Puerto de los Yesos, que nuestro padre había comprado dos años antes a Don Leandro Muñoz, vecino de Medina, siendo la cabida de este cortijo con estas agregaciones de tres caballerías y media, y dejando dentro de su perímetro un cuadro de tierras de otras dos caballerías y media de [des]amortización, que formaban el cerro gordo de Las Salinillas y del Algarrobillo, procedentes de monjas y capellanías.

Otras dos medias en las Cuestas de los Santos y 40 fanegas del Mayorazgo de Milla formaban cinco caballerías largas que como tablero de damas atravesaban en todas direcciones y estaban interpoladas con las tierras del donadío, y era donde Villanueva tenía parte de su labor, teniendo las otras dos partes en el rancho de Tablada, situado [a] un tiro largo de bala de las tierras de Mocaylén sobre el río del Alamo y compuesto de otras dos caballerías, y por último, otro cortijito lindando con el término de Jerez, de tres largas caballerías, o cerca de 200 fanegas, de primera o superior calidad llamado La Garganta de la Horadada, y que habiendo sido de la fábrica parroquial, dependían también entonces de la [des]amortización. Todos estos terrenos era preciso traspasar con sus pertrechos, enseres y ganadería para ver de recabar el pensamiento de cuadrar las tierras de Mocaylén en tanto que no salían a subasta,

Pues, sin embargo de las dificultades que esto ofrecía, decidido nuestro padre a arrostrarlas, logró avenirse con Villanueva, a quien por medio de peritos aforados se le apreció su labor y dotación de ganados, logrando cerrar y formalizar una escritura de traspaso en virtud de la cual nuestro padre en el hueco de dos años debía satisfacerle la suma que el traspaso montaba, dándole en el entretanto el 8% de utilidad a estos valores. Así pudo redondear en el año de 1842 una labor de tres cortijos grandes y dos ranchos, pues ya tenía tomado en este tiempo el de Casa Blanca, en el centro de la campiña, con dos caballerías y media, y queriendo redondearse por completo y habiendo dejado en este mismo tiempo nuestro abuelo Salas su labor, dedicándose al reposo después de 50 años de una vida azarosa y trabajada en su ejercicio, en el que había sido incansable, logrando redondear un caudal de más de un millón de reales en hermosas fincas rústicas y urbanas y dedicándose exclusivamente al laboreo de una viña extensa que había plantado y cultivaba al uso y con sirvientes de Jerez, reuniendo nuestro padre dos cortijos más, el de La Joya y La Campiña, con 12 caballerías largas, formando el todo una extensión de 30 caballerías, o séanse una cabida de 2.000 fanegas de tierra de labor, la tercera parte propietaria y las otras dos renteras, pagando por su arrendamiento más de 3.000 duros por los dichos cortijos, dehesas y majadas de bellotas, pero abarcando una décima parte de lo mejor de los terrenos de la labor del término y de los más bien acondicionados ranchos.

De los siete cortijos se hicieron tres grandes grupos de cerca de 700 fanegas cada uno con su guarda a caballo y su casero donde debían estar las tres hojas que harían cerca de 1.000 fanegas de simiente. Uno era de La Campiña, que constaba del cortijo de este nombre con los dos ranchos de la Ora y Casa Blanca, el segundo, Pelagallos con sus tierras, las de La Joya y la dehesa de Las Correderas, y el último, Mocaylén, con Tablada y la dehesa del Pradillo. Por separado teníamos majadas de bellotas en la sierra y monte bajo con pastos y ramones para las cabras en el Torero y Peso. Estas hojas de labor necesitaban 200 bueyes, que se habían reunido con el traspaso de Villanueva, pero los 1.500 puercos y cerca de 2.000 ovejas con más de 100 vacas que por separado había era preciso realizarlos para hacer los pagos a proporción que fueran viniendo, y sólo sostener los bueyes, las 80 yeguas y la borricada y riatas de mulos para la labor y expendición de los granos al mercado de Algeciras, no podía desearse otra cosa, vendiéndose los manchones, entonces ya muy procurados en Alcalá, mientras que no se reponía de nuevo la ganadería pequeña y el ganado vacuno. Para ver de suministrar y dotar esta labor se necesitaban 40 temporiles al menos y 60 jornaleros casi de continuo, que representaban un desembolso diario de 400 reales próximos, o séanse más de 8.000 duros al año, cuya regla viene bien con la que nuestro padre echaba de que se necesitaba un gasto de 200 reales próximos para costear cada fanega de trigo que se siembra.

Si toco y hablo de estas minuciosidades y datos es para dar una corta idea del gran tráfago y gasto que ocasionaba el planteamiento y sostén de una labor de esta importancia, en una casa donde se costeaban cuatro carreras y en un pueblo donde no se conocían los recursos que proporciona el crédito bien adquirido y representado y donde en conclusión no se había desarrollado el tráfico ni el comercio, apartado y cortado como se encuentra de la zona de los negocios y de la vida. La venta de manchones y la de ganado, los productos de las lecherías y de los alquileres de las casas era preciso que subviniesen a estas necesidades, pues todo el trigo se necesitaba para la simiente y para el pan de tanto sirviente. Pues a todo este conjunto y a cada cosa en particular atendía aquella gran cabeza que sólo se paraba algunas horas de la noche en este mismo sitio donde yo ahora escribo y reseño sus exacciones gigantescas, desvelándose por la madrugada y levantándose con los pájaros para recorrer el extenso círculo que abarcaba su labor, volviéndose al pueblo temprano después de revistarlo todo para despachar una crecida correspondencia y darle movimiento al todas las ruedas de la máquina.

En el hueco de la prima noche venía el hacedor, que estaba constantemente a caballo, a dar el parte de lo que hubiera ocurrido tras la requisa de la mañana y a listar cosas y tomar instrucciones para el siguiente día ; durante la prima noche no se vaciaba el despacho o escritorio de sirvientes, arrieros y corredores. Y nuestra madre, al frente de este gran arsenal de amasijos, almacenes, batías y ruido, dirigía por su parte el régimen interior, sin dejar por eso de atender al cuidado de sus hijos. Tres mozas y dos amasadores y caballericeros podían humanamente llevar el trabajo material de la casa, y sin embargo ésta, a semejanza de una gran nave a quien el viento hincha sus velas por la popa, bogaba majestuosa por el proceloso mar ayudada de la Providencia y del ojo y tacto de mano de su timonel. Los plazos se iban pagando, los jornales de los sirvientes eran satisfechos y las carreras de los cuatro niños, dos en la Universidad y otros dos en el Colegio Militar de Madrid ; todo se continuaba sin que los años pasaran de medianos y el precio de los ganados inferior, y sin que hubiese en ocasiones en la caja de la casa 50 duros de reserva. Pero nuestro padre, como todo hombre inspirado, contaba con su estrella, que no le había de faltar.

En este año de 1843 nació nuestra primera sobrina y nieta suya, María Delgado y Puelles, siendo objeto de gran contento y broma para nuestro padre de verse abuelo a los 38 años y sirviéndole de gran pena a poco la muerte de su hijo Ramón, que de 9 años es casos sucumbió [por] efecto de la más terrible de las enfermedades, el mal de piedra u orina, que le hizo pasar infinitos tormentos de 6 años continuos y antes de concluir con aquella temprana existencia, siendo de una inteligencia y alcances sorprendentes. Debía terminarse ese año 43 con al revolución moderada o pronunciamiento de López, en que tras una mentida ilusión de concordia los más exaltados del Partido Progresista tendieron la mano a los del bando moderado para combatir la Regencia del Duque, dando por resultado tan imprudente alianza que el partido retrógrado, auxiliado de la Camarilla, tras de volcar al Regente, se apoderase del mando y dispersase y persiguiese a muerte a los mismos que le habían tendido la mano. A los cuatro meses de la traición de Ardoz, que abrió las puertas de Madrid a la coalición y que obligó a Espartero a embarcarse en el ‘Malabar’, estaban López y Olózaga, los jefes reconocidos de los Ministerios que se siguieron, el uno preso y el otro prófugo, mientras que Narváez y todo lo más reaccionario del Partido Moderado ahogaban en sangre cualquier movimiento liberal que estallaba, como los de Alicante, Cartagena o Zaragoza. Había sido una verdadera zancadilla que si no hubiera sido tan villana como de sangrientas consecuencias para los incautos que se dejaron celar, era digna de risa y de eterno ejemplo de imprecisión y poco tacto. Al irse a terminar aquel año, que nada trastornó en nuestro pueblo, fui a cursar el último año de mi carrera a Madrid, donde debía recibirme de Abogado y conocer una rama de parientes que nunca habíamos tratado más que por carta.-

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La 1a Guerra Carlista (1833-1840). [VOLVER]

Debido a su situación geográfica, dominando las vías de comunicación entre el Bajo Aragón y el Mediterráneo, Morella (prov. de Castellón de la Plana) ha sido plaza de gran importancia militar. Conquistada en 1114 por Alfonso I, que la abandonó muy pronto, pasó definitivamente a los crisitanos al ser tomada por Blasco de Alagón (1232), pasando a ser señorío real bajo Jaime I en 1250. En 1414 se reunieron en ella Benedicto XIII y Fernando de Antequera para intentar solucionar el cisma. En las disputas internas se mantuvo siempre al lado de los reyes, teniendo una activa participación en la querra de las Germanías, a quienes apoyaban las aldeas dependientes de esta ciudad. En 1685 se produjo un levantamiento de los campesinos, que consiguieron apoderarse de la población. Durante la Guerra de Sucesión fue conquistada por el bando del Archiduque Carlos en 1710 y recuperada por los Borbones al año siguiente. En la 1a Guerra Carlista, por fin, desempeñó un papel de gran importancia militar: en 1833, gracias a la traición del gobernador de la plaza, fue tomada por los facciosos, que se vieron obligados a abandonarla a los pocos días. Cabrera la ocupó, tras un largo asedio, en 1838, y la convirtió en su cuartel general ; el general Oraa fracasó en su intento de recuperarla, lo que logró finalmente Espartero en 1840. [Nueva Enciclopedia Larousse, op. cit., pg. 6.731] [VOLVER]

Tras la derrota de Aranzueque decidió Cabrera regresar al maestrazgo, apoderándose por sorpresa de Morella (1838) y la convirtió en capital de su pequeño feudo montañés, donde trató de organizar los rudimentos de un Estado y de una Administración. Derrotó a Oraa, que intentaba reconquistar la plaza y fue recompensado con el ascenso a teniente general y el título de Conde de Morella. El fin de la guerra del Norte, con el ‘abrazo de Vergara’, permitió al Gobierno concentrar sus tropas contra Cabrera, quien enfermo de gravedad en estos momentos tuvo que ver cómo Espartero tomaba Morella, y hubo de marchar con sus hombres hacia el norte, tratando de refugiarse primero en Berga y acabando por atravesar la frontera francesa (6 de Julio de 1840). [ibid., pg. 1.494] [VOLVER]

Por la Convención de Calasanza (20 de Mayo de 1815) el reino de Napoles fue restituido a los Borbones tras las guerras napoleónicas. Tras su segunda restauración, Fernando IV decidió suprimir la autonomía siciliano y se tituló Fernando I de las Dos Sicilias, reino que se había establecido oficialmente tras el Congreso de Viena. En los 40 años que duró el nuevo reino se agudizaron el movimiento autonomista siciliano y el liberal frente al absolutismo centralizador de la monarquía. Fernando no pudo dominar la revolución de 1820 y se vio obligado a prometer una Constitución. Pero al año siguiente, con la ayuda de la Santa Alianza, impuso su autoridad. Su hijo Francisco I (1825-1830) restableció la Constitución liberal que él mismo había promulgado en 1812 como Regente y que su padre había bolido en 1816. Esta carta Magna sería nuevamente abolida por su sucesor, Fernando II (1830-1859) en 1848, continuando el absolutismo en Nápoles hasta que la capital fue conquistada por Garibaldi en 1860. [ibid., pg. 6.882] [VOLVER]

La Ley de Ayuntamientos propuesta por el entonces Presidente del Gobierno, el moderado Pérez de Castro, derogaba, efectivamente, la de Calatrava. Mientras se debatía esta Ley, la Regente se trasladó a Barcelona en compañía de sus hijas. Allí se entrevistó con Espartero, y el general le pidió que no aceptase el nuevo texto legal ; María Cristina, sin embargo, lo firmó en cuanto llegó a sus manos, enfrentándose a aquél. Las revueltas que, como recalca el autor, se produjeron a consecuencia de semejante decisión (Revolución de 1840) hicieron dimitir al Gobierno. La Regente tuvo que buscar un nuevo Primer Ministro y recurrió a Antonio González, el cual no quiso aceptar las condiciones que aquella le ponía ; entonces no tuvo más remedio que solicitar a Espartero que formase Gobierno. Este propuso a María Cristina una ‘co-rregencia’ que ésta no aceptó, viéndose obligada entonces a abandonar el país, finalizando de esta forma su mandato. [VOLVER]

En su Gobierno, Espartero colocó a personas de segunda fila ; él era ante todo un militar y necesitaba a gente a la que pudiera mandar, cosa que los líderes progresistas nunca habría aceptado. Se produjo, a consecuencia de ello, una escisión en las filas progresistas ; Espartero se ganó, asimismo, el odio de todos los demás sectores, y al final optó por trabajar con una coalición moderado-progresista. Como Presidente del Gobierno eligió a Antonio González, y Mendizábal le apoyó hasta el final de su mandato. Quitó, además, de Palacio a los grandes que habían rodeado a María Cristina y colocó a sus hombres en torno a la futura reina, mientras que aquélla seguía intrigando en París. [VOLVER]

Agustín Argüelles (1776-1843) fue diputado en las Cortes de Cádiz, en las que tuvo papel muy destacado. Su elocuencia le valió el calificativo de ‘divino’. Fernando VII ordenó que se le apresara en 1814 y le condenó a ocho años de encarcelamiento en el penal de Ceuta. La revolución de 1820 lo puso en libertad y lo elevó al cargo de Ministro de la Gobernación. Al caer el régimen constitucional en 1823 tuvo que emigrar a Gran Bretaña, donde permaneció hasta que la muerte de Fernando VII le permitió regresar y reemprender su carrera política. Se pensó en él como candidato a la Regencia, que al fin fue confiada a Espartero ; entretanto se nombró a Argüelles tutor de la futura reina Isabel II y de su hermana, ambas menores de edad. Desempeñó este cometido con singular honradez, sin percibir la remuneración fijada, y murió pobre como había vivido. [Nueva Enciclopedia Larousse, op. cit., pg. 671] [VOLVER]

La economía del país iba cada vez peor, y la solución que intentó Espartero fue la de proceder a la venta de los bienes desamortizados: obras pías, capellanías y órdenes catedralicias. Suprimió también a las órdenes de misioneros, que habían sido respetadas por Mendizábal, y exigió que los clérigos jurasen fidelidad al Gobierno ; todas estas medidas venían detalladas en un Proyecto de Jurisdicción de la Iglesia. En 1841 el Ministro de Gracia y Justicia, Alonso Martínez, protestó por las irregularidades que se estaban cometiendo con la institución eclesiástica, y el Papa, por su parte, denunció a su vez la situación de la Iglesia española. Durante el Gobierno Espartero se intensificó asimismo, bajo presión de Inglaterra, la tendencia hacia el librecambismo, aunque con la oposición declarada de la burguesía catalana, más partidaria del proteccionismo, mientras que la gaditana, dedicada más que nada al comercio, secundaba la política económica gubernamental, como se refleja en el texto. De acuerdo con esto, en 1841 se aplicó un arancel que variaba según los diferentes tipos de productos ; el resultado de esta medida no pudo ser más desastroso: dos años más tarde, en 1843, de 60 factorías sederas sólo quedaban 16 (todos los telares de Reus, por ejemplo, tuvieron que cerrar), lo cual explica la renuencia de los industriales catalanes, a los que se unieron pronto los progresistas, que se sentían marginados, los moderados, que habían sido apartados del poder y la Iglesia, por las razones antes mencionadas. [VOLVER]

Joaquín María López (1802.1855) fue Ministro de la Gobernación en el Gobierno Calatrava y figuró entre los miembros avanzados del progresismo que se opusieron a Espartero. Presidió el ‘Gobierno de 10 días’ de Mayo de 1843, en que figuraban Fermín Caballero y el general Serrano, que agravó la posición del Regente. Encabezó la coalición de progresistas y moderados que derribó a Espartero y fue encargado de presidir el Gobierno provisional (Julio-Noviembre de 1843) que anticipó la mayoría de edad de Isabel II. Cedió el poder a Olózaga, pero éste cayó a los pocos días víctima de una conjura palaciega, y el progresismo quedó apartado del poder para un largo período. [Nueva Enciclopedia Larousse, op. cit. pg. 5.908] [VOLVER]

Se trata en realidad de la localidad de Torrejón de Ardoz., donde el 22 de Julio de 1843 se produjo un choque decisivo entre las tropas gubernamentales y las de la coalición antiesparterista. Triunfante el levantamiento contra Espartero en Cataluña y en otras ciudades del resto de España, Narváez se puso al frente de un cuerpo de ejército y se dirigió hacia Madrid. En Torrejón de Ardoz entró en contacto con las tropas esparteristas, mandadas por Seoane, que tras un breve tiroteo se pasaron a los insurrectos. Este choque precipitó la caída de Espartero, que a los pocos días se vio forzado a abandonar el país. Le sustituyó un Gobierno de coalición, simple compás de espera al advenimiento de los moderados, como bien refleja nuestro autor. [ibid., pp. 9.768-69] [VOLVER]

La economía del país, como ya hemos apuntado, iba de mal en peor ; sin embargo, lo que realmente colmó el vaso fueron las revueltas catalanas del otoño de 1842, motivadas por el sentimiento foralista, por el cierre de las fábricas y por cierto asociacionismo obrero inspirado en el ‘socialismo utópico’. Espartero mandó bombardear Barcelona en 1843, y esto equivalió a firmar su propia sentencia. En Madrid, mientras tanto, había entrado a formar Gobierno Juan Ignacio López, quien de entrada puso la condición de que se instituyese una Administración sin favoritismos (neutralidad en las elecciones y libertad de prensa) y que se eliminase a los militares que controlaban el Gobierno. Espartero se negó de plano, y López presento acto seguido la dimisión ; su sucesor en el cargo no pudo hacer nada y se vio obligado a disolver las Cortes, que estuvieron sin funcionar los meses de Mayo y Junio de ese año. Los militares opuestos a Espartero se sublevaron en Barcelona y en Sevilla, organizándose, junto con los moderados y los progresistas, bajo el mando de Narváez, O’Donnell y Serrano. Espartero se vio incapaz sofocar la rebelióm, viéndose obligado a huir a Inglaterra en el mes de Julio. [VOLVER]

[ATRAS]