HISTORIA DE LA FAMILIA DE LOS PUELLES
Segunda Parte.
Capítulo 15
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Años de 1845 a 1848. Marcha de los negocios, compra de tierras y ganados. Se edifica el barrio de la Salada. Revolución del 48. Venta de las dehesas del pueblo y sus funestos resultados.-
Se inauguraba el año de 1845, lluvioso por demás, y ya en él me
asociaba yo a los trabajos de nuestro padre, que estaba algo retraído de
ir al campo por la poca firmeza de su pierna, con una sementera sarposa y
larga por demás, pues se sembraron cerca de 1.500 fanegas de todos [los]
granos y semillas, habiéndose realizado la compra sucesiva de las tierras
de la Oraa y los demás terrenos de [des]amortización
que en esta época se subastaron, y no dando las vacas el surtido de 200
bueyes que necesitábamos, fue preciso comprar novillos y muchos bueyes
vencidos, que después de hacernos la sementera engordábamos y vendíamos
después de manchoneados en lo mismo o más que costaban. Aquel año,
visto el extraordinario esfuerzo que se hizo, debió habernos dado para
salir de todos nuestros plazos, dejándonos redondeada y sin deuda una
labor magnífica y bien repuesta de enseres que abarcaba los terrenos más
pingües y hermosos del término ; pero la suerte no quiso compensar
tantos afanes, y en vez de ser colmado el año, fue tan escaso con las
excesivas lluvias del invierno y primavera, que se quedó parte de la hoja
por segar y salió escasamente de a tres, perdiéndose más de 3.000 duros
del capital invertido. Abrumado nuestro padre con
tantas rentas, soltó aquel mismo año los dos cortijos del abuelo, La
Hoya y La Campiña, y el de Casa Blanca de Campo Real, circunscribiéndose
sólo a sus tierras propias y a Tablada, que aún no estaba cumplido por
entonces. Comprendiendo lo frágil y venturera –o aventurada- que es la
labor, se propuso un plan que en adelante lo pusiera a cubierto de los
caprichos de la variable fortuna, y era irse acortando de labor y ganadería
y hacerse cada vez más de fincas ; decía con mucha exactitud y
oportunidad que “los bienes de la
labor y la ganadería estaban, como la le-che, expuestos a hacedarse y
malearse, y que enejenándola o haciéndola queso, que son las fincas,
aguanta y resiste como aquél petrificando las vicisitudes de los tiempos”.
Todavía suspiraba por su traslación a Jerez, y desde que había
desaparecido su madre, que fue la rémora y obstáculo que siempre le había
sujetado, le daban nuevos impulsos, y ahora más que sus hijos podían
sacar gran partido de las carreras científicas que habían terminado y de
que no sacarían ninguno en el pueblo de su naturaleza. En esta duda se hallaba cuando
se empezó la siembra o sementera del 46, y habíendose elevado el precio
del trigo a 100 reales por la gran escasez y alarma que produjo la falta
de cosecha anterior, aún cuando en nuestros almacenes no faltaba, y habiéndose
repartido la clase jornalera, a quien le aquejaba el hambre y la desnudez
consiguiente al tener que enajenar sus ropas para la compra del pan,
encontrándose nuestro padre con 40 hombres repentidos y sin tener durante
la lluvia en qué ocuparlos, ideó otro gran proyecto que tenía en su
imaginación llevarlo a cabo en aquella ocasión. Existía a la salida del
pueblo por el lado de La Salada, cuyas casas llegaban hasta el nicho o
capilla de la Virgen de los Santos, una gran pared o muro cimental que se
prolongaba hasta cerca de los pilares de la fuente conteniendo el terreno
por allí tajado y elevado de una ladera que se prolonga hasta el Cerro de
la Coracha. El sitio de la calle es llano, resguardado de los vientos y
con cara al sol naciente ; la entrada, la principal y más concurrida
durante la gran feria de esta villa, y por último, reunía todas las
condiciones para la edificación de casas de pobre, tan escasas y mal
compartidas en nuestro pueblo. Pues bien, nuestro padre pidió la concesión
de ambos lados de la calzada con la idea de hacer en él, como construyó
en efecto, una barriada de pobres que se denominaría Barrio de la Virgen.
Los albañiles pedían limosna, los jornaleros hemos dicho que estaban
repartidos por la comida, y los niños vagaban hambrientos por las calles
y comían la mitad de ellos en los calderos que en nuestra cocina se
llenaban de garbanzos y menestras, que se repartía con cucharones como
sopa de convento ; sólo, pues, con abrir y emprender aquella obra podía
nuestro padre dar vida y animación a tanta calamidad, excitando el
ejemplo de otros que pudieran tener los mismos generosos instintos. Y en efecto, concedido el
terreno, doscientos niños con esportilla y 50 hombres llenándoselas
empezaron el desmonte del terreno para dar hueco a las casas, y 10
colleras de albañiles las construían y cien bestias de la casa y
alquiladas arrimaban piedras, maderas y cañas con todos los demás
materiales, invirtiendo el activo jefe sus días rodeado de este enjambre
de operarios y sacando del invierno penoso que se atravesó 200 familias
que en él encontraron pan, construyéndose al cabo 20 casas cómodas de
un piso y 6 de dos, todas con sus alcobas y cuadras y poniendo al pueblo
cerca de los pilares de la fuente, al que dando otro empujón podía bajar
al prado, que es su verdadero y más oportuno sitio. El alto valor del
trigo, que le sobró de su valor, y cuatro cargas de leche que diariamente
se traían sostenían todo este gasto, que dio por resultado la construcción
de 20 casas que constarían 25.000 reales y que se habían de desquitar
antes de los cinco años. Este fue el origen noble y principio utilitario
que tuvo el Barrio de la Salada, que fue creación de un genio lleno de
inspiración y de una idea que le envolvía llena de caridad, porque esos
dos motivos fueron los únicos que le guiaron en aquella empresa. Iba a
ser una de sus últimas creaciones y quería que fuese de indisputables
resultados en su benéfico origen y en sus óptimos fines. En ella nos
ocupamos todos ; él era el ingeniero y principal aparejador, [y]
nosotros los capataces, que tan pronto pelábamos cañas en el cuartel
donde se recogían los materiales como hacíamos jiscal para los techos,
apresurando de camino a los juquetones muchachos y niñas que vaciábanla
tierra [en]cima de los pretiles
de la cabrada. Aquel año compensó Dios con
una buena cosecha tan prólijos afanes y se acabaron de realizar los pagos
del traspaso de Villanueva, sobreponiéndose la ganadería, en que también
había habido mortandad el año antes. En tanto, se continuaban los
estudios forenses y militares de los niños y entraba las más pequeña de
las niñas, Juana Ramona, de pupila interna en el Beaterío de esta villa,
creación insigne de un santo sacerdote de eta villa, Don Diego Angel de
Vera, que a fines del pasado siglo creó y edificó esta santa casa dotándola
con sus bienes con destino [a] sus hermanas, profesas de educar [a] las niñas pobres y [de]
asistir seis camas de enfermas de esta villa, y el que desde su creación
ha sido el ornato y orgullo de la población, no sólo por los frutos que
de él todo el sexo bello reporta en su esmerada educación, sino es que
también por ser un modelo de hospital en su género y clase. Ocupose
nuestro padre todo el año de 1847 en acabar su barrio y en satisfacer
pagos de sus tierras y cortijos, quedando éstos definitivamente por
nuestros por no deberse ya nada en el mismo año, y el año de 1848, en
que éste iba al parecer a descansar de sus grandes trabajos y empresas,
lo puso en especulativa de nuevos sacrificios ; una idea que columbró se
preparaba para negociar la gran riqueza del pueblo y con la que él no
estuvo nunca conforme. Habían estado en el
Ayuntamiento de este año de[l]
48 algunos hombres ambiciosos que meditaban hacía algún tiempo el
proyecto de apoderarse de una riqueza inmensa, cual eran las fincas del
pueblo, o propios, de las que se susurraba y propalaba se iban a vender
por el Gobierno. Un plan al parecer muy sencillo y beneficioso, pero de
unas consecuencias las más desastrosas y terribles era el que se
preparaba, y era y decían que así como las clases braceras y pelentrinas
se habían quedado con el terreno de las suertes para sus labores,
asimismo los labradores y ganaderos crecidos, que nada habían sacado del
común caudal, debían repartirse las 20 y más dehesas que había por
medir de un canon de enfiteusis proporcionado a sus actuales rentas, y
quedándose de esta sencilla manera estos inmensos y mal apreciados bienes
dentro de la masa de los vecinos, evitándose el que el Gobierno pudiera
incautarse de ellos. Este plan, divulgado y presentado bajo este dorado
prisma, adobándose ciertos sujetos de aviesa y dañada intención, se
presentó, deslumbrando a la ignorancia de los ganaderos y labradores,
clase muy poco civilizada y bastante ambiciosa en general. De esta base
deslumbrante principiaron a formarse expedientes., pidiendo cada uno la
dehesa o terreno que llevaba en renta o cuadraba más a su deseo, las que
con una facilidad asombrosa ni se medían ni se cortaba ni apreciaba su
arbolado, pero se figuraba y llenaban estas ritualidades dentro del
expediente que era un contento el verlos. Llamado nuestro padre para que
pidiera tres que entonces tenía, Pradillo, Corredera y Torero, manifestó
no entrar en el plan y oponerse, entre otras muchas cosas por tres razones
de gran fuerza. Era la primera porque era injusto y monstruoso en la
esencia el repartirse buenamente esta inmensa propiedad que era la vida y
recurso del pueblo en sus ahogos y calamidades, no encontrando facultado
al Ayuntamiento y vecinos para hacerlo, y sí sólo el supremo Gobierno.
Segunda, porque el repartimiento, además de ser ilegal, era desigual y anómalo,
pues el rico por serlo se llevaba mil veces más valor que se había
llevado el pobre, y esto no sólo en terreno, sino en árboles hermosos,
que eran dinero efectivo, sin tener todos más que el mismo derecho y
parte como vecino[s]. Y tercera,
porque preveía y husmeaba que al llenar la formalidad de la subasta que
era preciso figurar se iba a desentrañar un plan oculto e iba a venir una
mano negra extraña a cargar con este inmenso tesoro, sin poder adivinar
quién sería todavía. Fue el resultado que franca y paladinamente se
excusó y negó a firmar y sancionar con su rúbrica de primer
contribuyente un hecho tan escandaloso y criminal y que su leal corazón
le predecía iba a ser la ruina de este pueblo. Si hubiera tomado una
parte activa en él, era tal la sombra y poderío de nuestro padre en
aquella época, que hubiera sacado un montón de millones de tantos como
se iban a regalar. Y en efecto, tal como lo
profetizó sucedió , llegado el día de la subasta, los expedientes
aparecieron con la condición de pagar al contado y en el término de
tercer día del remate el valor del arbolado, cosa que no estaba ni
hablada ni prevista y que era sólo un ardid que se tendía para asustar y
retraer a los solicitadores, que huyeron todos de la subasta como una
banda de gorriones cobardes cuando ven sólo la sombra de un milano, que
se apareció de Cádiz el célebre y nunca bien ponderado caballero de
industria Sánchez Mendoza, farsante político y de gran habilidad que
después de haber escalado un alto puesto por sus tramoyas y manejos
vendiendo y adulando [a] todos
los partidos, iba por complementos de gloria a realizar una gran fortuna a
costa de la riqueza inmensa de este pueblo, a quien iba en adelante a
tener en un feudalismo del peor género de todos, vendiéndoles la
protección que le dispensa el carnicero a la res que degüella cuando la
tiende y coloca, y en connivencia con dos o tres paniaguados que por las
30 monedas de Judas iban a entregarle al pueblo atado de pies y manos. En
cien páginas no podría escribirse todo lo infame y menguado del proyecto
parricida, ni las consecuencias y males que había de traer al desgraciado
pueblo a quien mataron aquel día la gallina de los huevos de oro cuatro o
cinco hijos espúreos que participaron de los despojos de la víctima y
una docena de imbéciles y ambiciosos que la entregaron atada. Nuestro padre, que vio aquella
negra tromba que se venía encima y no teniendo fondos para pagar
arbolados al contado, aunque fuera en un céntimo de su valor, que era en
lo que estaban, pues se atravesaban cincuenta millones casi en el lance,
arremetió sin embargo con las que no tenían árboles y se las disputó
al común enemigo, sacando una, y habiéndole éste [prometido]
respetarle y cederle la del Torero, a lo que faltó después villanamente,
se retiró desolado de un acto que era la oración fúnebre de los últimos
funerales del cadáver de la población, estrangulada por mano de algunos
viles. Era preciso en adelante dejarla también, pues íbamos a entrar con
el nuevo señor que nos imponían en el cautiverio amargo y desastroso de
Babilonia las libreas del venal y menguado diputadillo, que sin sacar un
cuarto de su bolsa entró hambriento derribando chaparros y arebuitres, y
eran los que en adelante nos habían de mandar. Para haber consolidado
aquel despojo y a semejanza de [los]
indios íbamos a ser no sólo privados de nuestro suelo, sino sometidos en
repartimiento a un cacique Corregidor a hechura de nuestro dueño que nos
aherrojaría y nos impondría hasta su propio pensamiento. Era un feudalismo en pleno siglo
XIX, de peor clase que el de los Riveras y sus descendientes, que por su
favor con los Enriques se habían repartido este suelo, guardándole sin
embargo a sus vecinos y moradores algunas inmunidades, y que sin embargo
había obligado a la flor de la población a emigrar y desamparar este
suelo a principios del siglo XVI antes que ceñirse la coyunida y
ajustarse el yugo sobre su cuello. Esta conquista bursátil nauseabunda y
villana llevaba en sí toas las felonías y maldades juntas ; había
empezado por el dolo y el engaño y era preciso que siguiese y terminase
con la opresión y los martirios contra todo lo que fuera digno y honrado
en adelante, y en abierta oposición con una obra tan criminal y nefanda y
con sus autores tan bajos y traidores. Apesadumbrado y dolorido como si
aquel inmenso despojo se le hubiese hecho a él quedó aquel hombre de
organización tan privilegiada y de corazón y sentimientos tan nobles,
suscribiendo el primero las protestas tardías y exposiciones sentidas que
hiciera el vecindario, apercibido ya de tan villana trama, expresándose
en las reuniones y juntas que al efecto se celebraron para conjurar el mal
que ya nos corroía con un fervor y entusiasmo tal, que parece[n]
aún vibrar en nuestros oídos aquellas sonoras frases y aquellos
terribles apóstrofes terminados con sentidos y elocuentes conceptos. El Gobierno, a quien se recurrió,
en connivencia y tal vez llevado de la parte que algunos de sus miembros,
como públicamente se decía, tenía en la torta, y como más claramente
se manifestaba en otros mil ajíos que se veían hacerse por su mano, a
cara descubierta, no sólo se apresuró a aprobarlo desoyendo la
autorizada voz de Cortina, que tronaba contra el escándalo, sino el que
también nos mandó de mordaza un Corregidor necio y supeditado a su
patrono, el Sánchez Mendoza, y cuya misión se reducía a sancionar los
hechos consumados, dándose carácter de legalidad a lo que hubiese
quedado sin ella o mal cosido e hilvanado deprisa en los expedientes, dándole
de entrada a éstos de solapa a otros tantos terrenos y arbolados que
circunvalaban las Delicias y que con el titulo de ‘agregados’ se
incorporaron a lo subastado y en cuyo conjunto presentaba una obra informe
que hacía dueño de 30.000 fanegas de tierra y más de tres millones de
árboles a un hombre que nada había dado, y que lo poco que diera a los
seis años no componía ni el rédito de los destrozos que en el arbolado
hizo. En este inmenso terreno cabían holgadamente 500 familias y podían
en él librar su subsistencia. Tal fue la obra de ruina que se consumó a
nuestros ojos, pero que [la] que tuvo satisfacción nuestro padre de no haber puesto una
piedra, habiendo dado el alerta previsor para conjurarla, sacando nosotros
del inmenso despojo la mitad de la Dehesilla de los Santos, que partimos
con Villanueva, o séanse dos caballerías y media de tierra escasas y
montuosas y donde habría de recibir yo más tarde parte de mi hijuela,
trozo que salió muy disputado y alto en el canon y cien acebuches que tenía
y que era en conjunto más chica que cualquiera de los repartimientos que
se hicieron después en su linde de los Jardales, pero tampoco interés e
importancia tuvo esto siempre para nosotros, que varias veces intentamos
devolverlo antes de su roturación a la masa común de los vecinos.
En
aquel memorable año [en] que se
consumó la ruina de Alcalá había acontecido la grandiosa y pacífica Revolución
de Febrero, que arrojó de Francia a la rama segunda de los Borbones
representada por Luis Felipe, proclamando la gran nación la República
con los hermosos lemas de Libertad,
Igualdad y Fraternidad. Aquella revolución conmovió e hizo
temblar todos los tronos de Europa, derribando algunos, escapando el
nuestro de sus embates por los terribles fusilamientos, deportaciones y
persecuciones que cayeron sobre el Partido Liberal, alejado por completo
del poder y entregado sin rival al más abyecto y corrompido de todos los
pandillajes, sostenido por la espada de Narváez
y 200.000 bayonetas que nos tenían apuntadas al pecho. Sin embargo,
arroyos de sangre y de lágrimas corrían por toda la Península sujeta al
estado de sitio y al capricho de bajaes y jenízaros puestos por el tigre
y caimán de Loja. Un aire mefítico y nauseabundo impregnado de efluvios
de sangre y de la compleción de la inmoralidad y la apostasía era el que
envolvía y respiraba la nación, que se había dejado sangrar de todas
sus venas por la hija y por el padre en dos cruentas guerras en que
consolidaron éstos sus derechos basados en sangre del pueblo. Nuestro
pobre padre, al leer con avidez en aquellos últimos días las noticias y
prodigios de la Francia, suspiraba y ensanchaba su corazón y se
angustiaba con nuestros males y con nuestra opresión, saliendo de su
respetable boca raudales de palabras de esperanza y de consuelo que nos
animaban en nuestras nobles ideas de patriotismo, efervorizándonos en él
y animándonos a seguir la senda que él y su tío Abansen, cuyas ideas y
la[s] de los antiguos comuneros
de quien descendía le inspiraban.-
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La
Revolución Francesa de 1848 se desató los días 22, 23 y 24 de Febrero
de ese año y se prolongó hasta el 26 de Junio, fecha de la derrota de
las fuerzas revolucionarias. El final de la monarquía de Julio se vio señalado
por un vasto movimiento reformista centrado en banquetes y sociedades
secretas. El rey se mostró inflexible, prohibiendo un banquete previsto
para el 22 de febrero ; los republicanos, como respuesta, convocaron un
desfile y se produjeron choques. Por la noche se organizó la sublevación.
El día 23 la formación de barricada obligó al rey a destituir al Guizot,
pero las manifestaciones prosiguieron, y cuan do los soldados
dispararon, París se sublevó. El 24 el rey llamó a Thiers, pero el
mismo día se vio obligado a abdicar, organizándose acto seguido un
Gobierno provisional que proclamó la república y el derecho al trabajo,
creó los Talleres nacionales, instituyó la Comisión del Luxemburgo para
los trabajadores, estableció el sufragio universal, proclamó la abolición
de la esclavitud en las colonias, estableció la libertad de reunión y de
prensa y convocó elecciones para una Asamblea Constituyente para el 9 de
Abril. De todos modos persistía el descontento por la mala situación
económica, y el miedo al socialismo dio la mayoría a los moderados, que
derogaron muchas de las disposiciones anteriormente mencionadas. La
respuesta obrera durante las Jornadas de Junio fracasó en medio de la
sangre (1.500 muertos) y de la represión (12.000 detenciones). En
Noviembre se proclamó la Constitución, el 10 de Diciembre Luis Napoleón
fue elegido presidente por sufragio universal, apoyado por el Partido del
Orden de Thiers. [Nueva Enciclopedia Larousse, op. cit., pg. 8.507]
Las
revueltas de 1848 han sido llamadas ‘la primavera de los pueblos’ ; en
pocas semanas una violenta oleada revolucionaria sacudió Europa,
intentando combinar en todas parte los ideales liberal-democráticos con
los nacionalismos. Los movimientos en cuestión se frustraron en todas
partes, afectando especialmente a países con problemática nacionalista,
como Italia, Alemania, Hungría y Bohemia, a los gobernados de manera
autocrática, como Austria o a aquellos con una intensa tradición
revolucionaria que chocaba con monarquías titubeantes, como fue el caso
de Francia. A otros países, como España, les afectaron menos estos
acontecimientos ; sin embargo, las ondas de la gran convulsión llegaron
realmente a todas partes. El balance, sin embargo, no fue de fracaso
total. En Francia, por ejemplo, Luis Napoleón acabó restableciendo el
sufragio universal, una reivindicación básica de los demócratas ; en
Italia, el Piamonte se configuró como un ‘reino constitucional y
liberal’ en torno al cual se estructuraría la futura unificación del
país ; en Alemania, por fin, se llegó a la incontrovertible conclusión
de que sería Prusia, y no Austria, el único Estado que en el futuro sería
capaz de conseguir la unidad nacional.
Una
nueva venta de bienes eclesiásticos hizo aumentar en 1847 las
insurrecciones carlistas, que se vieron acompañadas esta vez de algarabías
populares (tal vez el episodio de Alcalá narrado por Manuel de Puelles
tenga que ver con esto) ; en consecuencia de ello, las Cortes fueron
disueltas y el Ministro dimitió. Le
sucedió Salamanca, que presidió un Gobierno de coalición en el que
entraban componentes de los tres sectores del espectro político y que duró
desde el 12 de Septiembre de 1847 hasta el 5 de Octubre de ese mismo año,
ya que Serrano, viendo el peligroso giro a la izquierda que se estaba
produciendo, avisó a Narváez, quien dio fin a la situación mediante un
oportuno golpe de Estado. De esta forma, al estallar las revueltas de 1848
en toda Europa, Narváez estaba de nuevo en el poder en España ; por eso
en nuestro país no hubo apenas revolución, sino apenas dos intentos sin
éxito, el 26 de Marzo y el 7 de Mayo respectivamente. Narváez consiguió
impedir las revueltas pactando con los progresistas ; esto defraudó al
ala más joven de esa formación política, que se desgajó creando el
Partido Demócrata. La política seguida por Narváez, por otro lado, fue
muy apreciada en Europa. El Papa, por ejemplo, había sido expulsado de
Roma, y el hecho de que el Gobierno español lo apoyara en todo momento lo
decidió a reconocer a Isabel II en 1849 y a comenzar las gestiones
preparatorias con vistas a la firma de un futuro Concordato. |