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HAUSMUSIK
(‘Diario de Avisos, 19-IX-1981)
En cierta ocasión, a la salida de un recital de piano –no
recuerdo el nombre del intérprete- alguien me hizo el siguiente
comentario poco más o menos: “Después
de esta de
mostración voy a tener que
abandonar el piano ... ¡no sirvo para esto!”. Yo sonreí
aprobatoriamente y me dejé llevar por los derroteros de la conversación
; no obstante, en mi fuero interno me costaba digerir aquella frase, que
no dejaba de tener su miga, porque bien mirado era de un radicalismo
exacerbado: ¡el piano para los pianistas!, o algo parecido. Personas así
son capaces de dejar de ir a la playa porque han visto nadar a Mark Spitz. Adagio (Paul Rieth)
Así hemos llegado hasta nuestros días, cuando el culto a los
Conservatorios ha alcanzado unos límites insospechados, al menos en
nuestro país (también hay una reacción contra
los Conservatorios, por supuesto, pero ésta sólo ocurre a niveles
contraculturales, y no es de contracultura de lo que aquí estamos
hablando ; otra vez será). Nadie sabe ni quiere saber –excepto algunos
melómanos descarriados, como un servidor- que, por ejemplo, un músico de
la talla de Georg Philip Telemann (1681-1767) ... ¡fue
autodidacta! Hoy día la
cosa ha alcanzado unos niveles que no sé si llamarlos trágicos o de
risa. Por ejemplo, se bien sabido que cantidad de gente con la carrera de
piano terminada no tocan el piano,
o, al menos, son incapaces de leer a primera vista una partitura sencilla.
Es alarmante el número de profesores y profesoras de música que no van
nunca a los conciertos, pero que sin embargo no se pierden el Festival del
Atlántico y demás manifestaciones antimusicales. Conozco incluso el caso
de una profesora de música que, créase o no ... ¡se sorprendió al
enterarse por mi boca de que el piano también se podía tocar a cuatro manos!
¿Es verdaderamente imprescindible, como hoy se cree, sufrir esos
interminables años de Conservatorio para poder tocar dignamente un
instrumento? ¿Es realmente tan difícil la práctica de la música?, que
sólo unos pocos iniciados consiguen el nivel necesario? Opino que
no, que esos arduos estudios sólo los necesitan los que aspiran a ser
virtuosos, pero que el resto sólo requiere unas nociones mínimas, cuya
cuantía ya irá aumentando cada cual a su aire. Lo importante es que se
pueda hacer música, que se vuelva a practicar la ‘Hausmusik’ ; si no
se puede abordar las grandes obras comúnmente oídas en los conciertos, no
se olvide que incluso los grandes maestros compusieron cosas más
asequibles. No todos tenemos que ser virtuosos. Creo que la única forma
de que la mal llamada ‘música clásica’ vuelva a ser popular, de que
llegue a apreciarse como merece, es practicándola. Si uno hace música
de cámara, aunque sea a niveles modestos, si todos nos familiarizamos con
algún instrumento o con varios incluso y si nos acostumbramos a leer
partituras a primera vista, podremos apreciar con más conocimiento de
causa una buena interpretación en un concierto. Sólo así, y no
abandonando el campo y dejando la música para unos cuantos ‘divos’,
es como se conservaría la
cultura musical. ¡Conservemos la música, ya que los Conservatorios se
muestran incapaces!
Mi intención era, después de esta introducción, hablar de
algunos autores de los períodos barroco, clásico y romántico que se
prestan idóneamente a este tipo de música hogareña que propugno. El
espacio se me ha echado encima y me obliga a proponerlo para ulteriores
artículos. Procuraré, por tanto, en otra ocasión ilustrar
convenientemente mis ideas y demostrar que si hace siglo y medio se
practicaba la ‘Hausmusik’ normalmente, no hay ninguna razón para que
no lo hagamos nosotros ahora. |