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La base fundamental de la filosofía de Leibniz es el famoso Principio de la Razón Suficiente, cuyo enunciado ya hemos dicho en el epígrafe de este artículo: "Nada es sin razón". para probar dicha aseveración, Leibniz aduce el argumento de que, en efecto, si existiesen entes sin razón habría algo verdadero que se resistiría a una disolución de identidades ; es decir, habría verdades que chocarían con la 'naturaleza' de la verdad en general. Ahora bien ; en este punto se nos podría ocurrir la siguiente pregunta: ¿Qué entendemos por 'naturaleza' de la verdad? Para poder hablar de la 'naturaleza' de la verdad debemos introducir, previamente, qué es la verdad en general. Es decir ; nuestro intelecto es perfectamente capaz de distinguir, mediante un adiestramiento previo, una proposición verdadera de otra falsa. Si, por ejemplo, nos dice alguien: "Yo tengo un hermano llamado Pedro", podemos discernir rápidamente si se trata de una verdad o una mentira. Pero -pregunto- ¿qué tiene esa verdad (o falsedad) de común con otras verdades (o falsedades)? Una vez hubiéramos llegado a reunir todas las cualidades que distinguen lo verdadero de lo falso, y siguiendo este razonamiento, podríamos llegar a lo que subyace a todo lo verdadero, a la verdad en general que buscábamos. pero -nos podríamos preguntar- ¿existe de verdad tal verdad subyacente a todas las verdades (valga la redundancia)? Si examinamos las sentencias:
lo único que tienen de común A y B es que ambos son verdaderos. Ahora bien ; esto no nos dice nada respecto a la verdad, salvo, tal vez, que ésta está íntimamente ligada al ser. Quizá no andemos del todo despistados si afirmamos con Heidegger que "sólo el descubrimiento del ser posibilita la patencia del ente". Ahora bien ; Heidegger aplica esta frase a la búsqueda de la verdad del ser, o 'verdaad ontológica', mientras que nosotros nos interesamos precisamente por lo contrario, es decir, por el ser de la verdad, o 'verdad óntica'. Tal vez se trate sólo de un juego de palabras. En efecto, a nosotros nos interesa que lo que averigüemos acerca del 'ser de la verdad' sea verdadero ; es decir, nos preocupamos por la 'verdad del ser de la verdad', o en otras palabras, por la verdad ontológica de la verdad. Como se ve, le hemos dado a nuestra frase un giro de 180º, con lo cual le damos la razón a Heidegger. Hemos llegado, pues, a la conclusión de que para comprender la 'patencia del ente' o, entras palabras, la razón suficiente de las cosas, es imprescindible el estudio del ser. Ahora bien ; siguiendo a Heidegger, vemos cómo éste, estudiando fenomenológicamente las cosas con la esperanza de encontrarse con el ser que subyace a todas ellas, no encuentra nada. ¿Qué quiere decir esto? ¿Acaso, como nada subyace a las cosas, éstas no se basan en 'razón suficiente' alguna? Heidegger trata de explicarlo estableciendo una tríada dialéctica: el Ser (tesis) y la Nada (antítesis) se reúnen en el Concepto del Ser (síntesis):
Sin embargo, podríamos hacernos esta última pregunta: Ya que relacionamos la Nada con el Ser, será que suponemos que la nada 'es'. En este caso, ¿cuál es el ser de la nada? El problema, por lo visto, es más complejo de lo que parece a primera vista. |