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TALLO DE HIERRO TITULO ORIGINAL:
Ironweed NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1987 DURACION: 138 min., COLOR DIRECTOR: Héctor Babenco
INTERPRETES:
Jack Nicholson, Meryl Streep, Carroll Baker , Tom Waits
Este
director se nos está convirtiendo (al menos de momento) en el cineasta
del desencanto. En las tres películas del mismo que se han estrenado por
estos lares nos presenta a unos personajes marginados (o tal vez más
bien ‘marginales’) que no acaban de encajar en la sociedad que nos ha
tocado vivir: ya sean los jóvenes desarraigados del Brasil, que en
‘Pixote’ acaban desembocando en la delincuencia, el preso homosexual
de ‘El beso de la mujer araña’, que acaba relacionándose con el
terrorismo y siendo su victima involuntaria, o los alcohólicos
pordioseros del film que comentamos, que perecen a manos de sus propias
contradicciones personales.
Babenco
se complace en presentarnos, en efecto, algunas de las lacras más
evidentes
de las que el moderno capitalismo parece no poder desprenderse, y que le
son de alguna manera consustanciales. En un sistema en que se rinde culto
(al menos en teoría) a la libertad individual, ésta se manifiesta en
algunos grupos de individuos –minoritarios, por fortuna-
de una forma insospechada e indeseada. Para estas personas, y por
razones
complejas y difícilmente explicables, las estructuras sociales y las
instituciones tradicionales resultan inadecuadas y provocan su rechazo.
Tenemos, por ejemplo, el caso de los ‘alumnos rebeldes’ a que se
refiere M.W. Apple, sociólogo norteamericano, que
rechazan de plano cualquier tipo de currículum, y que han sido tratados
profusamente en el cine (‘Rebelde sin causa’, de Nicholas Ray, es la
película más conocida sobre este tema, pero hay
muchas más).
Lo
que sí notamos en esta película de Hector Babenco es un evidente salto
cualitativo (¿o deberíamos decir, tal vez, “desplazamiento geográfico”?)
en cuanto al tratamiento cinematográfico del desencanto y la marginación.
Pues, si bien tanto ‘Pixote’ como ‘El beso de la mujer araña’
situaban su acción en Latinoamérica (no olvidemos que Babenco es de
nacionalidad brasileña), lo cual nos impelía a relacionar el tema de los
marginados con la peculiar situación geopolítica de esos países, en Tallo
de hierro nos vemos transportados directamente a los Estados Unidos de
Norteamérica, y a una época concreta, el año 1938 (incluso hay una
referencia a la celebérrima emisión de radio de ‘La guerra de los
mundos’ por Orson Welles y su Mercury Theatre), un momento de clara recuperación económica del país tras la crisis del año 29.
Nos
parece altamente sintomático que el autor de la novela en que se basa el
film (que escribió, asimismo, el guión) haya elegido precisamente ese
momento histórico (en pleno “new deal” rooseveltiano) para situar el
argumento. Porque, como venimos diciendo, no se trataba tanto de denunciar
(como en el caso de ‘Las uvas de la ira’, de John Ford) una situación
sociopolítica concreta, como de describirnos fría y analíticamente a
una serie de caracteres que evidentemente existen en cualquier sociedad
(dentro del mundo occidental, por lo menos), por muy boyante que esté la
economía.
Estos
personajes del cine de Babenco actúan aparentemente por motivaciones
propias, y si existe alguna
explicación sociológica de su conducta, resulta en estas películas bastante evanescente. El que un grupo de jóvenes opte por dedicarse a la trata de blancas o al
tráfico de drogas como en ‘Pixote’, o el que
unas personas normales de clase media (como en Tallo
de hierro) abandonen todo -familia, trabajo, amigos, etc.- por
el alcoholismo y el vagabundeo callejero, nos resulta (a nosotros, y a
Babenco, por lo que se ve) difícilmente explicable desde un punto de
vista socioeconómico. Babenco nos muestra únicamente el lado ‘psicológico’
del asunto: se intenta comprender a los personajes en base a sus fantasías
y traumas personales.
A
este aspecto psicológico le otorga Babenco una importancia primordial ;
de ahí su minucioso trabajo con actores y actrices en todas sus películas.
En esta que comentamos nos parece especialmente notable el tratamiento
del complejísimo personaje representado por Jack Nicholson y el alto
grado de matices expresivos que el director consigue extraer de este
actor. Nicholson se ha distinguido en sus películas más recientes
(especialmente a partir de su intervención en ‘El resplandor’, de
Stanley Kubrick, y no olvidemos su insufrible interpretación en ‘Batman’)
por generosas dosis de ‘sobreactuación’ ; aquí (y en algunos otros
films, como, por ejemplo, ‘El honor de los Prizzi’, de John Huston)
demuestra perfectamente el excelente actor que puede llegar a ser cuando saben dirigirlo. También es muy buena la actuación de Merryl Streep,
aunque no alcanza nunca las cotas de su compañero de reparto ; esta
actriz, aunque buena profesional, no ha dado, hasta el momento, en
nuestra opinión, su ‘do’ de pecho interpretativo.
Como
complemento a esa penetración psicológica de que venimos hablando está
la indudable habilidad de Babenco para crear atmósferas extrañas y para
dar a las situaciones fantásticas un toque de ‘naturalidad’. Para
ilustrar esta aseveración véanse las referencias en ‘El beso de la
mujer araña’ a una hipotética película de los años 40, y en ésta la
ajustada utilización de la luz y de los virados de color en las múltiples
apariciones de fantasmas del pasado a un personaje (el de Nicholson)
obsesionado con la muerte y con los remordimientos.
En
resumen, podemos decir que nos congratulamos de haber podido ver (¡por
fin!) un film de la categoría de Tallo
de Hierro en nuestras pantallas, la calidad de cuya programación deja
por regla general bastante que desear. Y esto, por supuesto, no es más
que nuestra personal opinión ; nos tememos que ésta no coincidirá con
la de la mayoría del público tinerfeño, a tenor de los airados
comentarios que tuvimos la ocasión de escuchar después de la proyección.
En fin, como dice el adagio, “para gustos se hicieron
colores”. A este respecto
no podemos eludir referirnos a un hecho que nos ha llamado poderosamente
la atención: ¡esta película se ha venido a estrenar cuando ya llevaba
varios meses en los ‘video-clubs’! (el que lo entienda, que nos lo
aclare). |