LA GUERRA TAL CUAL ES (Stalingrado)

TITULO ORIGINAL: Stalingrad

NACIONALIDAD: Alemania

FECHA:1992 DURACION: 133 min., COLOR

DIRECTOR: Joseph Vilsmaier

INTERPRETES: Dominique Horwitz, Thomas Krestschmann, Jochem Nickel, Sebatian Rudolph

 

Según el gran director norteamericano Nicholas Ray, “en el crisol de la guerra, las mascaras caen ... todo lo que es ficticio desaparece para dar paso a lo esencial”. Esta frase da en el clavo, puesto que, aunque resulte triste reconocerlo, por lo que parece -y los acontecimientos más recientes lo corroboran- las guerras son algo consustancial al ser humano, una característica molesta, pero inevitable a la postre. En ellas la especie humana se refleja tal cual es. Y el cine, gran testigo de nuestra época, o sea, del siglo más violento de toda la historia, no podía dejar de reflejar dicho extremo, la mayoría de las veces de la forma más espectacular posible, respondiendo a la demanda de violencia en las pantallas por parte del público. El propio Ray arriba mencionado practicó con asiduidad el genero bélico: ‘Amarga victoria’ (1957), ‘55 días en Pekín’ (1963), etc.

Por otro lado, la guerra constituye en cierto sentido un tema tabú para los cineastas, sobre todo para aquellos que se apartan de la línea espectacular-propagandística habitual. Las películas que critican el hecho bélico en alguno de sus aspectos, o que sacan a relucir lo absurdo del mismo, suelen estar mal conceptuadas por los poderes públicos. Valga como ejemplo el caso del film antibélico de Stanhey Kubrick ‘Senderos de gloria’ (1957), que fue prohibido reiteradamente por la censura francesa en su momento, a pesar de referirse a un conflicto tan lejano en el tiempo como la 1a Guerra Mundial. Esa misma cinta tampoco fue proyectada en España hasta mediados los años 70, por razones bien conocidas, y algo parecido ocurrió con otra obra maestra en ese sentido: ‘Rey y patria’ (1964), de Joseph Losey, que ponía en entredicho el verdadero significado de la justicia militar.

Stalingrado’, de Joseph Vilsmaier, esta ambientada durante la batalla del mismo nombre que tuvo lugar durante la 2a Guerra Mundial. Esa contienda ha sido objeto de un profuso tratamiento fílmico, como es sabido, tanto durante como después de la misma. Durante el conflicto, todos los países beligerantes utilizaron el cine como arma de propaganda, tanto realizando documentales acerca del desarrollo de las operaciones en los campos de batalla, como llevando a cabo filmes de ficción que ilustraban algunas situaciones que se consideraban ejemplarizantes ; por ejemplo, recuérdese aquella maravillosa ‘La Sra. Miniver’ (1942), de William Wyler, cuya acción se situaba en Londres durante los bombardeos nazis, o ‘La balada del soldado’ (1959), de Grigori Chujrai, sobre la vida en la retaguardia soviética. De realización más reciente, y de esta última nacionalidad, también resulta interesante ‘Masacre - ven y mira’ (1985), de Elem Klimov, donde se describen con todo género de detalles los desmanes de las tropas alemanas en suelo ruso.

La batalla de Stalingrado ha sido relativamente poco reflejada en el cine. Aparte de una mediocre ‘Stalingrado’ (1959), del alemán Frank Wisbar, antecesora directa de la que aquí se comenta, están dos películas soviéticas: un documental rodado durante la propia batalla y dirigido por L. Varhamov y una reconstrucción a posteriori de la misma, ‘Stalingradskaja bitva’ (1948-49), de Vladimir Petrov. El frente ruso en su conjunto, por otra parte, tampoco ha sido abordado fílmicamente en demasiadas ocasiones por la cinematografía occidental. Unicamente destacan ‘Tiempo de amar, tiempo de morir’ (1958), de Douglas Sirk, ‘Los girasoles' (1969), de Vittorio de Sica, ‘La cruz de hierro’ (1976), de Sam Peckinpah, ‘Lili Marleen’ (1980), de R.W. Fassbinder, y algunos títulos más.

La película de Vilsmaier no pretende en absoluto reconstruir punto por punto los hechos históricos en torno a la batalla a que alude el título. La idea que subyace al guión proviene de un proyecto largamente acariciado por el realizador italiano Sergio Leone: narrar los avatares de una serie de personajes durante el desarrollo de una gran batalla histórica. La muerte impidió a Leone llevar a cabo sus planes, y cualquiera sabe cuál habría sido el resultado caso de haber realizado él el film. En todo caso -y teniendo en cuenta su trayectoria cinematogràfica-, es presumible que el italiano habría hecho más hincapié en las escenas de combate y en los actos heroicos y espectaculares, elementos de los que Vilsmaier ha procurado prescindir dentro de lo posible.

La intención de Joseph Vilsmaier en Stalingrado consiste sin lugar a dudas en mostrar lo absurdo de todas las guerras, puesto que éstas no aportan nada positivo a la humanidad: tan sólo muerte, injusticia y sufrimientos inenarrables. A tal objeto, el realizador ha planificado la totalidad de las escenas de lucha subrayando el lado desagradable de la misma, insistiendo en lo caótico e inhumano de todo el proceso, que escapa a cualquier justificación racional ; toda la presunta lógica de la táctica militar es echada por tierra ante la comprobación de la cruda realidad. El mismo hecho de que ninguno de los protagonistas del film consiga sobrevivir acentúa aún más esa trágica conclusión, y la serie de pequeñas anécdotas que se van narrando a lo largo del metraje de la cinta, aparte de contribuir a un mejor conocimiento de los diferentes personajes y a la identificación de la audiencia con sus motivaciones, coadyuva al mejor desarrollo de las tesis de Vilsmaier.

Un selecto y eficientísimo plantel de actores colabora con Vilsmaier en llevar a buen puerto esta obra maestra, que remite, como ya se dijo, a anteriores realizaciones del género. Las referencias más directas son -sólo estéticamente ; no desde un punto de vista ideológico- la ya citada ‘La cruz de hierro’, de Sam Peckinpah, con su secuela ‘El sargento Steiner’ (1979), de Andrew L. McLaglen, y sobre todo otro reciente film alemán: ‘El submarino’ (1981), de Wolfgang Petersen. Sin embargo, esta película remite también a filmes antibelicistas más antiguos, concretamente a cintas clásicas como, por ejemplo, ‘Sin novedad en el frente’ (1930), de Lewis Milestone, que fue objeto de un remake en 1979 bajo la batuta de Delbert Mann. Pero, precedentes aparte, hay que decir que Stalingrado brilla con luz propia por un guión sin fisuras, por la gran personalidad de su director y por el excelente trabajo de todo el equipo que intervino en ella, tanto técnico como artístico.

[ATRAS]