INTRODUCCION
El profesor Spaemann es un testigo de excepción de la crisis de
ideologías por la que está atravesando la sociedad occidental contemporánea.
Como se consigna en la contraportada de uno
de sus libros, actualmente se oye hablar insistentemente “... de una crisis de los valores morales y de la aparición de nuevos cánones
para valorar los comportamientos humanos”. En ese sentido el autor
opta por prestar una mayor atención a la base teórica de cada
‘ethos’ determinado para ver lo que puede hallar de aprovechable en
cada uno de ellos. Según José Luis del Barco,
la principal preocupación intelectual de Robert Spaemann en lo que
respecta a la filosofía práctica estriba en “... asentar
la ética sobre un fundamento capaz de superar el dualismo entre
eudemonismo y universalismo”. Esa oposición está históricamente
ligada a la separación de ética y política ; pues, aunque
los antiguos distinguían tajantemente entre las acciones humanas
particulares y el fin de la vida humana en su conjunto (cfr. la distinción
aristotélica entre virtudes dianoéticas
y éticas), tenían también
muy claro que la ‘vida lograda’ sólo se puede conquistar en el seno
de una comunidad de hombres libres, en la ‘polis’, en suma. La
paulatina radicalización de aquella separación alteró profundamente el
modo de concebir lo ético ; ya no se hablará de ‘vida lograda’, sino
de una ética de la convicción.
Spaemann pretende superar ese dualismo ético mediante el concepto
cristiano de ‘amor bevolentiae’. Este tipo de ‘amor’, que no se
queda en la identificación sentimental de un hombre con otro, se refiere
a la benevolencia característica del ser
racional, que consiste, según del Barco, en “... secundar
la trascendencia volitiva del ser constituido teleológicamente y
procurarle lo que le satisface”. Se trata, en definitiva, de una
ratificación libre de la existencia por medio de la percepción. El
objeto de la benevolencia incluye a todo aquello que sobrepase el mero
‘ser percibido’ ; es decir, contempla animales, plantas y hasta seres
inanimados. No obstante, siguiendo un ‘ordo
amoris’ agustiniano, su destinatario preferente será la persona: “Ahora bien, la percepción que hace del hombre un
verdadero hombre es la percepción del ser. Entre los diversos
significados de ‘ser’ el más radical es el que lo entiende como identidad, cuyo paradigma es el ser del hombre. Es la intuición del
ser como identidad, en la que se constituyen conjuntamente en una ética
capaz de superar el dualismo entre eudemonismo y universalismo”. _____________________________________ SPAEMANN,
Robert, 1988, Etica: cuestiones
fundamentales, Pamplona, EUNSA BARCO, José Luis del, 1991,
“Estudio introductorio”, en SPAEMANN, R., Felicidad
y benevolencia, Madrid, Rialp, pg. 13 MONDOLFO,
Rodolfo, 1966, El pensamiento
antiguo (II), Buenos Aires, Losada, pg. 70 BARCO,
op. cit., pg. 23 ibid., pg. 26 |