ALUMNOS DE LA FACULTAD DE CIENCIAS DE LA INFORMACION REALIZAN UN TELEDIARIO

Juan Puelles López

 

En la Asignatura de Teoría y Técnica de la Comunicación Audiovisual, impartida por la profesora titular de esta Facultad y destacada profesional de la información, doctora Da Olga Alvarez de Armas, se ha llevado a cabo los días 27 y 28 de Mayo una experiencia pionera. Como práctica de fin de curso, los alumnos han realizado por grupos un simulacro de Telediario en directo con todos sus ingredientes, demostrando de este modo su grado de aprovechamiento, así como la calidad de los conocimientos adquiridos.

            La realización de un programa televisivo de noticias no es una labor sencilla. Aparte de la complejidad técnica inherente al proceso de transformación de lo audiovisual natural en audiovisual tecnificado (es decir, el manejo de cámaras, magnetoscopios y equipos de sonido), el periodista de televisión se encuentra constantemente enzarzado en una eterna lucha con el espacio y con el tiempo ; es una batalla bastante más encarnizada que la que se desarrolla en otros medios informativos. Una emisión de noticias de 22 minutos requiere normalmente 24 horas de trabajo previo en cualquier cadena: planificación, redacción, filmación y edición.

            Al contrario que en otros medios de comunicación de masas, en TV lo que priva es la imagen, y el texto actúa únicamente como sostén de lo que ésta nos muestra. Av. Westlin, productor ejecutivo de la cadena norteamericana ABC, dice a este respecto que “... lo que se ve es lo mejor que se retiene. Combinando lo visual con lo auditivo se refuerza el impacto del mensaje ...” La información audiovisual busca, en definitiva, conseguir la audiovisión, a saber, congregar los elementos afectivos y perceptivos propios de las imágenes y los conceptuales propios de las palabras. Imágenes y texto se interrelacionan para resolver las carencias mutuas. Esa preponderancia de la imagen sobre el texto hace que en TV se sea extremadamente selectivo en cuanto a este último: si un periódico contiene entre 20.000 y 200.000 palabras, y un diario hablado radiofónico unas 3.000, un telediario deberá concentrar toda su información en sólo 2.000 palabras ; las imágenes harán el resto. Además está la limitación de tiempo: el periodista ha de ingeniárselas para contestar en forma muy resumida a las seis preguntas clásicas exigibles en una buena noticia: ¿qué?, ¿quién?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo? y ¿por qué?

            Fundamentalmente la información televisiva es el resultado de un trabajo en equipo. Todas las operaciones a que nos hemos referido más arriba no serían posibles si no hubiese un grupo de personas perfectamente coordinadas dispuestas a emprender la tarea. Cada uno de los componentes de ese equipo de trabajo se encarga de sus competencias específicas, aunque, por supuesto, resulta conveniente que cada uno conozca –al menos en teoría- la esencia del trabajo de los demás, para así poder suplir a alguno de ellos en casos extremos. Desde el realizador, que coordina todo el cotarro, y el productor, que se encarga de las cuestiones financiero-administrativas, hasta el más ínfimo operador de luminotecnia, todos deben estar coordinados entre sí, siendo cada uno consciente de la función que realiza dentro del conjunto. El presentador –o ‘conductor’- del programa debe estar atento a la indicaciones del regidor, que da la entradas y salidas ; éste, a su vez, controla también a los encargados del sonido y de la música, al mezclador y al operador de VTR, que es en definitiva quien introduce las imágenes exteriores (en directo o en archivo) en el momento oportuno.

            El operador de cámara, a su vez, ha de cuidar de que la imagen en directo tenga la calidad debida ; para ello debe estar de acuerdo con el equipo de luminotécnicos, que le proporcionarán la iluminación adecuada. Pero la imagen no depende únicamente del director de fotografía ; también influyen otros factores igualmente importantes ; por ejemplo, es evidente que el aspecto externo del/de la presentador/a resulta primordial para el éxito o el fracaso de un programa de noticias, y que en ese look tienen mucho que decir los especialistas en maquillaje, peluquería y vestuario. Como regla general se debe en este aspecto intentar resaltar la personalidad auténtica del presentador y no crear una personalidad ficticia mediante la técnica.

            También es importantísimo en el trabajo de un presentador el dominio de la dicción. No basta, en efecto, con el toque emocional que aquél pueda añadir a las imágenes, ni con que se controlen el ritmo de la lectura y las pausas, de forma que el texto acompañe a la imagen en el momento debido , también resulta imprescindible que el texto sea audible. Para ello es deseable que el presentador (o quien haga el ‘off’ que acompaña a un reportaje) domine todos los resortes de la declamación, que haga un estudio exhaustivo del texto que va a leer con el fin de decidir qué modulación dar a la voz en cada momento, qué palabras subrayar y cuáles no, etc. Una declamación deficiente puede malograr el efecto que un texto cause sobre la audiencia.

            El texto, a su vez, debe estar convenientemente redactado en función del contenido de la información y del sector de audiencia al que se supone que ésta va destinada. De todas formas, hay que tener en cuenta como regla general que en el caso de la información televisiva, el espectador escuchará el texto una sola vez, al mismo tiempo que está contemplando las imágenes , no tendrá, pues, ocasión de releerlo como podría hacer si se tratase de prensa escrita. La tendencia, por tanto, en TV, es de ir hacia la simplicidad: un vocabulario no demasiado complicado, sujeto, verbo, predicado, pocas oraciones subordinadas, no abusar de los adjetivos y evitar sistemáticamente las perífrasis.

            Otro tema candente a tener en consideración a la hora de confeccionar un espacio informativo es el de la tan traída y llevada ‘objetividad de la información’. Es evidente que el periodista, que se supone que tiene formadas sus propias opiniones acerca de la realidad que le circunda, nunca podrá abstenerse –por muy profesional que sea- de dotar a sus informaciones de un matiz o sesgo personal , el mismo contenido (incluso el mismo texto) transmitido por diferentes informadores provocará reacciones diferentes en el público. Por tanto, la objetividad total no sólo no es deseable ; es imposible. De lo que se trata, más bien, es de que el informador sea ecuánime, que respete todos los puntos de vista y que no se muestre dogmático con respecto a ninguna postura concreta, incluida la propia.

            Los/as alumnos/as de Ciencias de la Información tuvieron en cuenta en sus trabajos prácticos de fin de curso todas las indicaciones que se han apuntado y que constituyen en síntesis el contenido teórico de la asignatura Teoría y Técnica de la Comunicación Audiovisual, una disciplina troncal impartida durante todo el Curso a un ritmo de cuatro horas semanales. Tiempo hubo, pues, de estudiar y debatir a fondo todo estos extremos. El resultado de los trabajos alcanzó, por tanto, y como era de esperar, un nivel más que aceptable.

            Donde más flojearon estos ejercicios fue en el aspecto técnico ; ahí se dejó notar con toda evidencia la premura de medios en que se encuentra la Facultad. Se contó para la transmisión en directo con material procedente del Centro de Profesores de La Laguna: una cámara de vídeo doméstico, dos magnetoscopios VHS, un mezclador de imagen y sonido y varios micrófonos. El buen tiempo reinante hizo innecesaria la utilización de focos para iluminación. Debido a la aludida falta de medios técnicos tampoco se dispuso apenas de imágenes originales en los reportajes. Estos fueron confeccionados en su mayor parte a base de material grabado de la televisión comercial. Esta circunstancia no impidió en modo alguno el que se realizase una labor creativa por parte de los estudiantes ; las imágenes fueron manipuladas mediante una rigurosa labor de edición, para así conseguir el efecto que cada uno de los improvisados informadores buscaba. En conjunto la experiencia resultó sumamente interesante desde el punto de vista didáctico, y se espera que esta metodología continúe llevándose a cabo en Cursos sucesivos, superando las posibles deficiencias técnicas que se hubieran detectado en esta primera edición.

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