ALUMNOS DE LA FACULTAD DE CIENCIAS DE LA INFORMACION REALIZAN UN TELEDIARIO
Juan Puelles López
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La realización de un programa televisivo de noticias no es una
labor sencilla. Aparte de la complejidad técnica inherente al proceso de
transformación de lo audiovisual natural en audiovisual
tecnificado (es decir, el manejo de cámaras, magnetoscopios y equipos
de sonido), el periodista de televisión se encuentra constantemente
enzarzado en una eterna lucha con el espacio y con el tiempo ; es una
batalla bastante más encarnizada que la que se desarrolla en otros medios
informativos. Una emisión de noticias de 22 minutos requiere normalmente
24 horas de trabajo previo en cualquier cadena: planificación, redacción,
filmación y edición.
Fundamentalmente la información televisiva es el resultado de un
trabajo en equipo. Todas las operaciones a que nos hemos referido más
arriba no serían posibles si no hubiese un grupo de personas
perfectamente coordinadas dispuestas a emprender la tarea. Cada uno de los
componentes de ese equipo de trabajo se encarga de sus competencias específicas,
aunque, por supuesto, resulta conveniente que cada uno conozca –al
menos en teoría- la esencia del trabajo de los demás, para así poder
suplir a alguno de ellos en casos extremos. Desde el realizador, que
coordina todo el cotarro, y el productor, que se encarga de las cuestiones
financiero-administrativas, hasta el más ínfimo operador de
luminotecnia, todos deben estar coordinados entre sí, siendo cada uno
consciente de la función que realiza dentro del conjunto. El presentador
–o ‘conductor’- del programa debe estar atento a la indicaciones del
regidor, que da la entradas y salidas ; éste, a su vez, controla también
a los encargados del sonido y de la música, al mezclador y al operador de
VTR, que es en definitiva quien introduce las imágenes exteriores (en
directo o en archivo) en el momento oportuno.
También es importantísimo en el trabajo de un presentador el
dominio de la dicción.
No basta, en efecto, con el toque emocional que aquél pueda añadir a las
imágenes, ni con que se controlen el ritmo de la lectura y las pausas, de
forma que el texto acompañe a la imagen en el momento debido , también
resulta imprescindible que el texto sea audible.
Para ello es deseable que el presentador (o quien haga el ‘off’ que
acompaña a un reportaje) domine todos los resortes de la declamación,
que haga un estudio exhaustivo del texto que va a leer con el fin de
decidir qué modulación dar a la voz en cada momento, qué palabras
subrayar y cuáles no, etc. Una declamación deficiente puede malograr el
efecto que un texto cause sobre la audiencia.
El texto, a su vez, debe estar convenientemente redactado en función
del contenido de la información y del sector de audiencia al que se
supone que ésta va destinada. De todas formas, hay que tener en cuenta
como regla general que en el caso de la información televisiva, el
espectador escuchará el texto una sola vez, al mismo tiempo que está
contemplando las imágenes , no tendrá, pues, ocasión de releerlo como
podría hacer si se tratase de prensa escrita. La tendencia, por tanto, en
TV, es de ir hacia la simplicidad: un vocabulario no demasiado complicado, sujeto, verbo, predicado, pocas oraciones subordinadas, no abusar de
los adjetivos y evitar sistemáticamente las perífrasis.
Otro tema candente a tener en consideración a la hora de
confeccionar un espacio informativo es el de la tan traída y llevada
‘objetividad de la información’. Es evidente que el periodista, que
se supone que tiene formadas sus propias opiniones acerca de la realidad
que le circunda, nunca podrá abstenerse –por muy profesional que sea-
de dotar a sus informaciones de un matiz o sesgo personal , el mismo
contenido (incluso el mismo texto) transmitido por diferentes
informadores provocará reacciones diferentes en el público. Por tanto,
la objetividad total no sólo no es deseable ; es imposible. De lo
que se trata, más bien, es de que el informador sea ecuánime,
que respete todos los puntos de vista y que no se muestre dogmático con
respecto a ninguna postura concreta, incluida la propia.
Los/as alumnos/as de Ciencias de la Información tuvieron en cuenta
en sus trabajos prácticos de fin de curso todas las indicaciones que se
han apuntado y que constituyen en síntesis el contenido teórico de la
asignatura Teoría y Técnica de la Comunicación Audiovisual,
una disciplina troncal impartida durante todo el Curso a un ritmo de
cuatro horas semanales. Tiempo hubo, pues, de estudiar y debatir a fondo
todo estos extremos. El resultado de los trabajos alcanzó, por tanto, y
como era de esperar, un nivel más que aceptable. Donde más flojearon estos ejercicios fue en el aspecto técnico ; ahí se dejó notar con toda evidencia la premura de medios en que se encuentra la Facultad. Se contó para la transmisión en directo con material procedente del Centro de Profesores de La Laguna: una cámara de vídeo doméstico, dos magnetoscopios VHS, un mezclador de imagen y sonido y varios micrófonos. El buen tiempo reinante hizo innecesaria la utilización de focos para iluminación. Debido a la aludida falta de medios técnicos tampoco se dispuso apenas de imágenes originales en los reportajes. Estos fueron confeccionados en su mayor parte a base de material grabado de la televisión comercial. Esta circunstancia no impidió en modo alguno el que se realizase una labor creativa por parte de los estudiantes ; las imágenes fueron manipuladas mediante una rigurosa labor de edición, para así conseguir el efecto que cada uno de los improvisados informadores buscaba. En conjunto la experiencia resultó sumamente interesante desde el punto de vista didáctico, y se espera que esta metodología continúe llevándose a cabo en Cursos sucesivos, superando las posibles deficiencias técnicas que se hubieran detectado en esta primera edición. |