APARICION DE LA ASOCIACION CULTURAL YAIZA BORGES Y CREACION DE SU COOPERATIVA

 

            Ya se sabe que durante la década de los 70, los numerosos cineastas de las islas intentaron abrir los cauces de una verdadera producción autóctona en extensos y ardientes debates, pero enormes diferencias ideológicas, estéticas y personales abortaron los resultados. Sin embargo, los distintos encuentros y coloquios, y las efímeras coordinadoras y asociaciones como la Asamblea de Cineastas Independientes Canarios (ACIC) removieron en cierto modo el terreno. Fueron precisamente miembros de la ACIC, junto a otros cineastas afines, quienes codirigieron el filme Anabel (offside) (de Francisco Javier Gómez, Aurelio Carnero, Joseph M. Vilageliu, Juan Puelles, Alberto Delgado y el recién incorporado Juan Antonio Castaño como director de fotografía), que habría de ganar el primer premio en el IV certamen de la Caja de Ahorros de Tenerife en octubre de 1979. Fue entonces, en sus títulos de crédito, cuando apareció por primera vez el nombre de Yaiza Borges, nombre cuya elección alguno justificaría porque «es femenino, canario y suena bien» (Diario de Avisos, 27-I-1980).

            Insatisfechos, no obstante, con los resultados estéticos logrados y conscientes de la penuria cultural e industrial del cine en Canarias, estos cineastas que ya habían impartido algún cursillo de iniciación al medio en la Universidad de Verano, buscan nuevos miembros entre los interesados por el cine y dan comienzo a una serie de actividades divulgativas que les llevará a la inmediata creación de la Asociación Cultural Yaiza Borges, muy vinculada a la ciudad universitaria La Laguna, y a la consecuente elaboración de un manifiesto sobre la situación del cine en las islas y las alternativas presentadas en su proyecto. Aunque ya habían promovido algunos exitosos maratones de cine, dicha asociación hace su presentación pública el 25 de enero de 1980 en el salón de actos de la Universidad Laboral de La Laguna con el estreno en Canarias de El asado de Satán, el terrible y significativo título de R.W. Fassbinder. Ante el público presente, que no superaba las 200 personas, fue entregado el núm. 0 del boletín Barrido, cuyo contenido era prácticamente el manifiesto teórico del grupo y su proyecto. Por el interés fundamental para el tema que tratamos creemos necesario su total reproducción en este punto, de manera que el lector conozca ya la esencia de su aportación, y que juzgue por sí mismo:

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            Este texto que termina con el apunte de su organización interna es nuevamente publicado en un librito negro editado con motivo de la inauguración del Cinematógrafo.

            A partir de lo planteado en él, este colectivo, con ciertas dosis de vocación política en lo cultural, desarrollará durante años casi todos los aspectos esbozados en programas concretos de intervención, que sucesiva y/o simultáneamente iría proponiendo a distintas instituciones municipales, insulares y, sobre todo, a la Comunidad Autónoma, con la pretensión de sanear la política cultural del archipiélago, trascendiendo siempre los límites insularcitas con una visión unitaria de futuro. Esta vocación política progresista y popular marcaría, a nivel interno, un claro funcionamiento democrático y asambleario que llevaría a la Asociación a superar el número de 300 socios en el momento de su disolución y el de 3.000 los que se habían afiliado a su cineclub.

            Al tiempo que el colectivo trataba de canalizar su proyecto cultural a través de la Asociación mediante la formación de varias comisiones tales como cineclub y documentación (encargada también de las publicaciones, como el boletín Barrido), didáctica (para organizar e impartir cursillos) y relaciones culturales (con las demás instituciones), Yaiza Borges plantea la urgente necesidad de poner en marcha su proyecto industrial, para cuyo fin los diez miembros fundadores se constituyen en Sociedad Cooperativa Limitada el día 5 de marzo de 1980.

            Con ella pretenden fomentar y desarrollar una infraestructura industrial para el cine en Canarias, aprovechando una nueva legislación que estimulaba la creación de empresas de trabajo asociado, con un régimen de créditos ofrecidos por el Ministerio de Trabajo. Posteriormente se aumentaría el número de cooperativistas hasta el definitivo número de 25 miembros, con el objeto de conseguir un crédito un poco superior que hiciera posible la apertura de una sala de exhibición propia, cuyos hipotéticos beneficiarios (y los de su distribuidora) pudieran ser utilizados en la producción de películas. Aunque esta pretensión resultaría obviamente el mayor fracaso estratégico del colectivo, nada mejor para conocer las altas miras de esta Cooperativa que la trascripción íntegra del artículo 21 de sus Estatutos.

            El objeto de esta Sociedad Cooperativa es:

a)      Producción estable de cortos y largometrajes para cine o TV en formato de 16 y 35 mm y temas documentales y argumentales.

b)      Distribución cinematográfica del material producido por la Cooperativa, así como distribución de cualquier otro tipo de material que en su momento sea contratado a tal efecto adquiriendo los oportunos derechos.

c)      Alquiler o adquisición de solares, edificios o plantas industriales para la edificación, montaje y funcionamiento de la empresa cooperativa, especialmente en lo referente a locales de exhibición.

d)      Creación de salas de exhibición comerciales o bien de las denominadas «especiales» (Arte y Ensayo).

e)      Adquisición de maquinarias, enseres, materiales y demás elementos necesarios para el funcionamiento de esta clase de industria, así como también la adquisición de vehículos destinados a transportar el material de todo tipo utilizado.

f)        Edición de dossieres o publicaciones sobre el aspecto cinematográfico, así como impresión de hojillas de divulgación sobre los filmes proyectados en la sala de exhibición o sobre los producidos por la Cooperativa.

g)      Creación y potenciación de un núcleo especializado en impartir cursillos de iniciación cinematográfica, o cualquier otro intento didáctico relacionado con el cine.

h)      Cualquier otro de los fines propios de esta clase de Cooperativa.

En estos objetivos aportarán todos los socios sin excepción, su trabajo personal de acuerdo con sus aptitudes y conocimientos laborales.

De esta manera, no sólo sientan las bases legales para su actuación en lo industrial con una sala de cine, una distribuidora y una productora propias, sino también, en el caso de disolución de la Asociación (como así acontecería un año después), proseguir las actividades culturales, didácticas y editoriales, que serían canalizadas fundamentalmente a través del Cinematográfico.

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